Aurora Boreal

Martes, Ago 21st

Last updateLun, 20 Ago 2018 11pm

Home > Literatura > Puro Cuento

Puro Cuento

Si alguna vez los pájaros asoman

santiago:vesag 250Pienso ahora, ya después de dos años de haber atestiguado lo que aquí voy a narrar, que si bien sigo sin ser un hombre de fe, caería por insensato si siguiera siendo el mismo escéptico que era antes de que esa pareja llegara hasta este lado del Llano en una burra. Me era necesario este escepticismo obsesivo para mantener la cordura, pues de otro modo el terror me habría perforado las sienes, ya que el cementerio junto con el que se había instalado este caserío se encontraba a unos diez pasos desde la puerta de mi casa. Brizaban en la llanura las corrientes de agosto, y el árbol seco que se encontraba en medio del cementerio crujía con el viento nocturno. Su sombra, proyectada por la luna, se escurría entre mi habitación a través de la ventana. Fue por estos días de calor y viento que llegó la pareja joven que, pensé, venía persiguiendo delirios de oro.

-No señor- dijo el joven que apoyaba los codos sobre la mesa mientras sostenía una copa de ron con ambas manos, -nosotros venimos de la selva, pero nos espantaron los pájaros.

Leer más: Si alguna vez los pájaros asoman

Me quiso hasta la muerte

miguel rodriguez 251Hasta la muerte, eso es lo que dijo, que me querría hasta la muerte, y yo la creí, renegando de los consejos de mis próximos, para quienes el amor acaba por menguar y con el tiempo se rinde al cansancio y a la sensación de muerte. Con ella nunca fue así; desde que nos conocimos, desafiábamos el hastío, la monotonía, se nos quedaban cortas las horas del día, de noche leíamos y nos amábamos entre líneas, todo en nosotros crecía, todo se desarrollaba, también la sensación de muerte, pero no de final, solo de muerte, como si ésta fuera a dar paso a otra cosa, a algo más intenso incluso que llevara a mi compañera a renovar su juramento. Así fue haciendo ambas cosas, quererme y matarme, sin aspavientos ni alardes, ella era así, me lo contaba siempre todo; ‘los detalles, amor, es lo que marca la diferencia entre una vida mediocre, obsesiva o feliz’, y ella me lo contaba todo feliz y obsesivamente. Por eso me extrañó que esto – su amor hasta la muerte – me lo anunciara sin detalles, como si fuera algo que ya estuviera decidido o previsto, como si ya hubiera sucedido y tan solo tuviera que hacerse realidad y materializarse, algo de lo cual yo acababa de enterarme: me querría siempre, hasta la muerte, pero ahora protocolariamente. Uno no se puede morir así, sin detalles, como tampoco puede amar así, sin más, como si se tratara de un amor de turno.

Leer más: Me quiso hasta la muerte

La conversación pendiente

miguel rodriguez 251Mi hermana siempre ha estado un poco loca, lo sabemos todos en la familia, pero yo he preferido no decirle nada: ella es sensible, y éste un tema difícil de tratar que provoca comentarios incómodos en reuniones navideñas y cumpleaños. Hay cosas de las que quizás no hay por qué hablar, tampoco son tan importantes. A las muñecas con las que jugaba de niña, de hecho, no parecía importarles su estado de salud mental, y participaban con ella en conversaciones absurdas que nadie entendía, asuntos privados sobre otros juguetes que no vivían en la casa pero que formaban parte de su círculo de amigos. Siempre hubo un aparte, un mundo distante y diferenciado en el que se refugiaba y hablaba de cosas misteriosas a las que los demás no llegábamos. La buscábamos, pues, en los márgenes de las cosas, en los juguetes, en las palabras sueltas y distantes.

Con el desarrollo de la vida, mi hermana y sus juguetes dejaron un día la niñez y la casa familiar, y se llevaron consigo sus conversaciones, su locura, y lo que quedaba de mis preferencias con respecto a ambas. Se fueron de repente con sus vestidos y sus certezas, y la casa enmudeció de cordura y de soledad, y adquirió un silencio cuya naturaleza corrosiva nadie hasta entonces conocía. Las habitaciones donde antes había palabras y juegos se convirtieron de pronto en estancias a las que yo regresaba compulsivamente en busca de mi hermana, como si este comportamiento me facilitara una conexión con ella, aunque fuera a través de la locura. Jamás me interesó tan poco la vida que llamábamos normal. Pero esto tampoco funcionó, y no volví a verla ni a saber de ella durante muchos años, un tiempo en el que viví huérfano de piel y de lenguaje. Algo que aún no he llegado a comprender se apagó en mí durante aquel tiempo. Después uno visita estas habitaciones ya sin delirio, sin incendio, y se encuentra a solas con lo que queda de aquellas conversaciones, de los juegos, de la locura. Con los años, son estas estancias las que se van haciendo con la vida de la casa, las que van marcando la pauta de la conversación o de la tristeza. Fue entonces cuando, sin motivo ni señal previos, recibí una carta, su carta, en la que me anunciaba que al poco vendría a verme, a estar conmigo, su hermano, a llenar de historias los lugares callados y ausentes de mi vida.

Leer más: La conversación pendiente

Las pisadas del insomnio o sinfonía de la incertidumbre

 ana maria fuster 250Crónica personal del huracán maría en cinco jornadas

 

a los sobrevivientes puertorriqueños del otro huracán que vino después

 

Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
soy como el junco que se dobla
pero siempre sigue en pie.
--Dúo dinámico

 

Las pisadas de este insomnio han sido pequeños alfileres en espiral que me llevan una y otra vez a esas doce horas, a las siguientes dos semanas, unos 29 o los posteriores cuarenta y tres días, los insospechados ochenta días, interminables rotaciones sobre el cono de incertidumbre. Y me perforan poquito a poco las corazas. Son estos bocetos de una isla silente y fragmentada donde la empatía es voz y la esperanza, una polifonía en cinco movimientos al otro lado del puente, de la que aún solo percibimos susurros. Pero allí está y estaremos.

Leer más: Las pisadas del insomnio o sinfonía de la...

El agua

diego nieto 250El nacimiento viene de la muerte
y la muerte del nacimiento.
Concepción Budista
Chan Wing-Tsit

 

Con esa lentitud que delata recelo, el hombre se abrió paso entre la maleza y bajó la pendiente hasta la playa. Era la hora vertical del mediodía y no había sombras. A su izquierda y derecha, la arena se alargaba blanca; al frente, el mar, que a lo lejos se confundía con el cielo, más claro y sin nubes. En el día prefijado, avanzó con decisión. Lo detuvo la orilla. Se fijó en la espuma última de las olas: hecha añicos se arrastraba hacia sus zapatos, que finalmente mojaron. Se los quitó indignado, y al hacerlo se le cayeron las gafas. Las alzó en un movimiento mecánico y las sacudió como si fuera a necesitarlas donde iba. Mientras las acomodaba sobre la nariz, observó la inmensidad que había ido a buscar. Era agua, indudablemente. A la gente le encantaba el agua. Incluso recorría miles de kilómetros para retozar en ella y luego tumbarse al sol como elefantes marinos. Eran otros hombres esos. No escribían libros ni estudiaban filosofía; la fundación del imperio y su posterior caída les tenían sin cuidado. En el fondo, no podía negarlo en la intimidad de ese momento, aunque con muchos de ellos departiera amigablemente, los despreciaba. Cómo podía alguien perder el tiempo en el agua. Él la odiaba. Era un odio visceral. Siempre había sido así. Desde pequeño. Un profesor de educación física le había preguntado si alguna vez había estado a punto de ahogarse. Él no recordaba, por supuesto. Se limitó a responder, entonces, que el agua le daba asco. Era una sensación superior a él. El primer recuerdo que tenía era de infancia. Sus amigos se bañaban en el arroyo del Camino de Las Fuentes, antes que se lo tragara la ciudad. Era un lugar inmundo. Las aguas estaban casi estancadas; por allí cruzaba el ganado, conducido a un matadero próximo; y corriente arriba había una fábrica de vidrio que arrojaba en ellas todos sus desperdicios. No pudo evitar contrastar la fangosidad de aquel arroyo infantil con la limpidez del mar por el que avanzaba. Eran diferentes; sin embargo, en lo más recóndito de su composición química, eran una y la misma cosa; lo sabía.

Leer más: El agua

Los amigos invisibles - próxima publicación

Sample image

AURORABOREAL® para los amantes del español.

ISSN 1903-8690  Versión digital.
ISSN 1902-5815   Versión impresa.

Aurora Boreal® es una marca registrada.
Aurora Boreal® no se hace responsable de las opiniones de nuestros colaboradores.

Aurora Boreal® la revista para los amantes del español que hacemos desde Dinamarca.

Aurora Boreal® es la plataforma digital de la Editorial Aurora Boreal®  CVR nr. 37034584