Aurora Boreal

Sábado, Mar 25th

Last updateLun, 20 Mar 2017 11am

Home > Literatura > Puro Cuento

Puro Cuento

Mar afuera

gunter silva 250Una vez que se entra en el mar se entra en la cadena alimenticia. El hombre de la televisión dice además que las posibilidades de ser atacado por un tiburón son de uno en tres punto ocho millones. Si estás a punto de ser atacado por un tiburón, debes darle un golpe en la nariz o en el ojo. El ojo es mejor, pero esto no lo dice el hombre de la televisión, eso lo dice Homero Simpson, en el programa de las seis de la tarde.
Si se perfora el ojo, el terrible escualo se lastima y se va. Si le das un puñete en la nariz, puede atontarlo, aunque sólo por un breve momento. ¿Has probado dar puñetes en el agua? Créeme, es difícil. Yo daba puñetazos en la piscina cuando papá vivía y me llevaba a nadar al club para niños. En cualquier caso, eso es lo que se supone que debes hacer cuando estás a punto de ser atacado por un tiburón. Por eso, cuando Estuardo vino a quitarme la lonchera, lancé mi puño con fuerza en su rostro gordo y malvado.
Estuardo es un tiburón. Es grande, rápido y glotón, suele quitarnos las loncheras a la hora del recreo. Su rostro se compone sobre todo de nariz y dientes. ¿Alguna vez has notado cómo los tiburones siempre parecen estar sonriendo? Estuardo sonríe mucho, sonríe porque siempre consigue lo que quiere. Camina con otros dos niños de su grado, ellos gobiernan el patio de recreo, dan vueltas esperando el momento adecuado para atacar. Su piel es blanca y grisácea, pensé que sería dura y fría al tacto, pero la sentí suave y cálida cuando golpeé su nariz. Nunca había dado un puñetazo a nadie, pero eso es lo que se hace cuando estás luchando contra un tiburón.

Leer más: Mar afuera

M

carlos villacorta 250M is for…

 

 

 

Abrió el compartimiento del lado derecho de su escritorio donde solía guardar la botella de Scotch y un vaso. La base redonda, curvo en sus lados para poder ser sujetado mejor con los dedos y girarlo a su antojo. Colocó primero una esfera de hielo, perfecta, donde podría reflejar la habitación como si mirara por la ventana en un día de invierno. Vertió el alcohol mientras la esfera de hielo giraba sobre su cóncava base. Dejó que, lentamente, el hielo fuera enfriando el líquido antes de llevárselo a los labios y sorber sin ningún apuro mientras esperaba al siguiente candidato.
Sobre el escritorio, yacía su dossier junto al de otros cientos de solicitudes para el puesto que lo observaban impávidas. ¿Sabrían acaso estas personas de lo que se trataba? ¿Estarían preparados para cubrir tamaña vacante? Lo dudaba. Miró algunos curriculums al azar. Nombres: Arthur Belain, Richard Pietri, Benjamin Alster. Misiones: Seguridad del Estado, asignado en Moscú, Fuerzas Especiales en Iraq, Operación Kim Duk en Corea del Norte, un largo etc. Ninguno lo sorprendía demasiado, quizás porque el mundo tampoco le sorprendía demasiado. A eso se había reducido su vida: sentarse detrás del escritorio de bambú a leer los correos electrónicos que le llegaban desde la oficina del gobierno, lidiar con la burocracia civil que no sabía diferenciar un turco de un árabe, de un marroquí, de un chino, de un japonés, de un norcoreano. ¡Maldición! —¿pensó. Él también se estaba convirtiendo en una reliquia de la Guerra Fría.

Leer más: M

Regreso a Ítaca

luis hernan castaneda 250Yo, el hombre de muchos senderos, no merezco el amor de mi mujer, no merezco esa ingenuidad que me daña con su belleza, no merezco la culpa atroz de ser el perro incapaz de corresponderla y no merezco el sacrificio perverso de sus ojos cerrados, el suicidio de una mirada que me ha sido entregada sin reservas.
Soñé que yacíamos entre pellejos después de hacer el amor. Ella alzaba la manta y, observando fijamente mi cuerpo desnudo, me confeccionaba un traje de hebras níveas, una larga cabellera blanca que florecía desde mi cabeza y me envolvía como un velo de mentiras imperfectas. Después avanzaba una mano insegura intentando creer, sintiendo titilar el nacimiento de la fe, y sonreía victoriosa, torcía una comisura traviesa porque había vencido una resistencia, había demostrado que, de entonces en adelante, yo no sería el único facultado para extasiarse con la visión de la criatura.
La noche en que llegué a la isla, ella me observaba con sus grandes ojos inmóviles mientras yo me desceñía la túnica polvosa. La lentitud de mis movimientos debió de parecerle una consecuencia natural del cansancio de los viajeros. Me acomodé a su diestra para contárselo todo desde el principio, según la promesa que me había hecho cuando surcaba el océano. Descuida, le dije, sé que no puedes verme. Tus ojos no están hechos para percibir mi metamorfosis. No tendría la desvergüenza de pedirte que me creyeras cuando afirmo que la totalidad de mi piel está cubierta de pelo, y que la única señal que recuerda mi antigua apariencia son mis ojos cercados por una inagotable selva blanca.

Leer más: Regreso a Ítaca

¿Cuándo llegan los jíbaros?

richard parra 250Entre víboras y nubarrones de bichos, se internan en el monte, macheteando la maleza. Su misión: apostarse en el extremo oriental del fuerte Yaupi.
El Coronel les dijo:
—Si un mono cruza la frontera, yo mismo los degüello a los tres por cagones.
Ahora la bruma y el bochorno se retiran y Oropesa destapa una cantimplora de aguardiente con carambola.
—¿Cabo Oropesa, y quién ganará la guerra? —pregunta Melesio—. ¿Los nazis o los ingleses?
—Los ingleses no aguantarán. Imagínate: los franchutes cayeron teniendo más poderío bélico.
—¿Y los rusos? —pregunta Amílcar.
—Esos comunistas se jodieron —dice Oropesa—. Hitler se lo tragará vivo a Stalin. Ya verán. Si se chifó a Francia enterita, si puso las patotas en París, imagínense qué hará con Moscú. Dicen que las rusas son bien ricas, van a cachar como gallos.
—¿Cómo un solo país le va a ganar a medio mundo? —pregunta Melesio—. No estarán exagerando. Eso no me lo creo, mi cabo.
—Alemania tiene el mejor ejército, inteligencia y propaganda del mundo —dice Oropesa—. Son los mejores vestidos además. Yo no soy mezquino, Melesio, ni mala leche como creo eres tú, que siempre metes raje.
—¿Y le conviene a Perú que ganen los nazis?
—Ya te dije: los peruanos son unos cojudos pisados por los americanos. Prado hace lo que Roosevelt diga. Pero en el ejército las cosas son distintas. Hay oficiales que para afuera dicen que son pro-americanos, aunque por dentro les guste Hitler.
—Sin embargo —continúa Oropesa—, en lugar de andar quejándose tanto de Alemania, por aquello de las olimpiadas, los peruanos debieran aliarse con ella. Necesitamos esa disciplina mezclada con nuestra pendejada.
—¿Y de verdad que en Lima hay nazis, mi cabo? —pregunta Melesio.
—Los vi en el periódico, cachorro. Gente blanquiñosa. También criollazos. ¿Pero indios o cholos? No creo, Melesio. Esos solo llegan hasta sacristanes como tú.

Leer más: ¿Cuándo llegan los jíbaros?

La Amazonía, cuna de valientes

sophie canal 2506 de Junio del 1994
Ricardo- A dos horas del pueblo de Perla Mayo. Camino de Juanjui a Tocache, Departamento de San Martín, Loreto, Amazonía peruana.
24 soldados de la Compañía Especial del Comando número 115 de Tarapoto, destacamento Leoncio Prado, contra 120 subversivos SL. 24 contra 120, el sargento Quispe los contó, y se puede confiar en el sargento Quispe. Yo, sargento Ricardo Padilla-López, 19 años, 2 horas y 21 minutos esperando camuflado detrás de mi capinuri, mi árbol pene, la vida tiene humor… Si Paloma pudiese verme… Pero por la hora que es, Paloma debe gorjear con su estudiante de computación. Lo único que me queda: optar por el humor del árbol pene que despliega su erección en mis narices, cuando me encuentro privado de sexo desde hace dos años. ¿Cuánto tiempo un ser humano puede sobrevivir en la abstinencia total? Dos días sin beber, 44 sin comer, ¿cuántos sin fornicar? Lo peor en la espera de una batalla es el silencio que la precede, bulla silenciosa de la selva, acá todo suena, y cada ruido es una traición: hay un ave nocturna capaz de imitar a un niño llorando a su madre, para confundir a cualquiera, ayaymama, ayaymama, y este pez gato que grita como una rata cuando lo pescan, y esas ratas que ululan, y esos pájaros carpinteros empezando a serrar madera a las 6 de la noche en punto, y esos calatos salvajes capaces de reproducir todos aquellos ruidos, y el maldito otorongo que no se deja escuchar al llegar, y esas arañas filósofas que hacen Sócrates, Sócrates, Sócrates, ¡mentirosa, traicionera selva! La última vez que dispararon, de allí venía, pero nada asegura que el próximo tiro no llegará de por allá, o del más allá, porque si sumamos a eso todos los espíritus de la pendeja selva… Como en la historia, que cuenta el caporal Meléndez: él estaba de guardia en un cementerio, solo, en el frente Huayara, cuando recibió una bofetada de una intensidad sobrenatural que lo derramó. Alrededor, nadie, nada más que la infinidad del cielo estrellado y sin viento, sin nada.
Yo seguro moriré en la selva.

Leer más: La Amazonía, cuna de valientes

Grow Deep Coaching

Los amigos invisibles - próxima publicación

Sample image

AURORABOREAL® para los amantes del español.

ISSN 1903-8690  Versión digital.
ISSN 1902-5815   Versión impresa.

Aurora Boreal® es una marca registrada.
Aurora Boreal® no se hace responsable de las opiniones de nuestros colaboradores.

Aurora Boreal® la revista para los amantes del español que hacemos desde Dinamarca.

Aurora Boreal® es la plataforma digital de la Editorial Aurora Boreal®  CVR nr. 37034584