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Puro Cuento

'Casa de fieras' - Antología de relatos M.A.R. Editor, 2016

casa fieras 250Casa de fieras
Antología de relatos de mujeres malas
Colección de Narrativa Nº 49
M.A.R. Editor
Ilustración de cubierta Anna Ismaguilova
ISBN: 978-84-946123-0-5
210 páginas
2016

 

Autoras participantes en la antología: Lourdes Ortiz, María Zaragoza, Paula Izquierdo, Elena Marqués, Olga Mínguez Pastor, Montserrat Suáñez, Ángela Hernández Benito, Laura Garrido, Mariaje López, Teresa Iturriaga Osa, Sol Antolín Herrero, Fátima Díez, Eloína Calvete, Rosi Serrano, Ana Zarzuelo, Balbina Rivero, Carmen Pita, Carmen Soteres, Rosario Martínez, María Luisa de León, la Vizcondesa de Saint-Luc, Carmen Martagón, Paula Lima y Olvido Andújar.

 

Veneno de tórtola (relato de Teresa Iturriaga Osa)

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Panamá - El cementerio Amador

adriana rosas 251Voy al cementerio a buscarlo. A buscar a José del Carmen Varela.
–Para ir al Cementerio Amador es mejor que se vaya en taxi, yo vivo por allí. Algún navajero le puede salir porque se dan cuenta que no es del lugar. Ir allá le costará dos dólares, no pague más –me contestó un hombre moreno que estaba en la restauración de un edificio en el casco viejo- yo fui policía y sé cómo es la zona, si uno es de allá no le pasa nada.
Con el ex-policía jubilado, todavía joven, no le calculo más de 45 años, paramos un taxi. Había aprendido que en Ciudad de Panamá si los taxistas ven que estoy con un panameño, no me toman por turista. Con mi acento costeño creen que ya llevo mucho tiempo viviendo aquí, y así, las carreras no me las cobran a precio de turista, que se puede doblar o hasta más.

 

*


Las plantas tienen su sabiduría de la vida. La planta de astromelias que tengo dentro de casa decidió darme felicidad, tal vez se deba a que le puse abono de humus de lombriz, tal vez la época, tal vez su esencia que decidió hacer nacer rápidamente dos nuevas ramas y comenzaron a surgir flores que tal vez me imagino blancas. Toca esperar y verlas mientras crecen. Por ahora tienen un verde suave casi como sus hojas y se han ido aclarando en los días. A veces las historias que vamos investigando se van abriendo de poco a poco. Una savia que mueve las cosas sin darnos cuenta, también alimenta los hechos de la vida. La búsqueda de los orígenes de Mariana Varela no sé a dónde me llevará. Al averiguarla a ella, al imaginármela a ella, un pedazo de mí siento que se construye. El viaje al cementerio era descubrir algo de ella, de dónde venía, desde siempre mi savia me decía que me ocultaban algo.

 

*

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La búsqueda

dorelia barahona 250—A mí que me importa si la marea estaba baja o alta. Lo que importa es que perdí a mi niña y aun no la encuentro— dijo la mujer visiblemente contrariada levantando los brazos.

Cuando se acercan a ella para oír su historia las mujeres terminan irremediablemente poniéndose la mano en el pecho y sacando el pañuelo de la cartera. Los hombres, después de un rato de escucharla, por lo general hacían ese tipo de preguntas torpes, sobre el tiempo y las mareas, para espantar la angustia que les producía la historia de Vera, al imaginarse que también a ellos les podría pasar algo así.

¿Qué importaba hasta donde llegaba el agua? Más lejos o más cerca de las raíces lavadas de los Almendros. La verdad seguía siendo la misma.

La hija de Vera no había muerto, tampoco se había ahogado como habían dicho en un primer momento las autoridades. Abril, así se llamaba la niña de doce años y que hoy tendría catorce, su hija mayor, había sido raptada en plena playa para dar inicio a la ruta del sufrimiento y la desesperación, de la madre, del padre, de toda la familia y de ella misma como víctima de la esclavitud moderna.

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Sonia (y) la cucaracha

cucaracha 250A las tres de la madrugada, Sonia se volcó hacia el baño, “Esta cuca, irritada, no me deja dormir”. Al ir a tirar de la cadena del vater, “¡Qué asco!”, pero del fondo la taza la detuvo un susurro de voz, empañada de miles y miles de siglos, “Detente, bípedo, no quieras cometer otro de vuestros crímenes. Ya te vi antes de acostarte dando el mortal escobazo a la araña del techo, aunque para mi, ¡inmortal reina del mundo animal!, esto tan solo sería una ducha, aunque no me gusta dármelas a estas horas. Solo quiero beber un poquito de agua en esta noche calurosísima. Escucha y a ver si esto te hace olvidar la irritación. Soy la cucaracha en que se trasformó Kafka en su cuento. ¡Qué felicidad, dejar la naturaleza humana, y desalojar la pesadísima computadora de vuestro cerebro, mecanizándose ad infinitum y que alegría no tener que seguir aguantando a tal padre y amarrado al banco de la literatura del absurdo y a, la más absurda, angustia humana. Y ser, simplemente, bio, sin el fardo de vuestra cultura de tantos genocidios! Creo que él hasta se suicidó para que yo pudiera vivir esta vida de felicidad cucarachil sin el peso de sus restos, pero me dejó el habla. ¿Cómo he llegado a este abrevadero piscinal californiano? Oye, pues:

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Las horas del té

miguel rodriguez 251Ellos piensan que lo sé, me vieron con ella y piensan que lo sé o que soy parte de la trama, tal vez incluso que sea yo quien haya maquinado su ejecución y que ahora estoy haciéndome el tonto o el duro. Ellos siempre piensan estas cosas. Son predecibles y eso me entristece. Hay cuatro, el mal afeitado es el loco, los demás parecen inteligentes y solo quieren información. El loco no quiere interrogarme, a él solo le interesa abrirme la cara, pero no sé por qué. No le conozco, creo, pero él me mira como si supiera todo de mí. Imagina que sé algo.
Sin embargo ella no ha muerto según el protocolo habitual, el plan salió mal y me vio alguien que ahora está en el cuarto contiguo, al otro lado del cristal, o eso al menos me han dicho hace un rato, seguramente para provocarme presión e inducirme a error en mi declaración, hacerme ceder a la emoción y crear un malentendido equívoco, un juego de palabras que desmonte mi coartada y desvele que sí, que fui yo; hacerme confesar algo que ni estos imbéciles ni ese supuesto testigo pueden probar. No saben qué les repugna más, si escucharme o pedirme humildemente ayuda en el análisis de los hechos. No quieren reconocer que ellos podrían ser yo, que yo también soy como ellos.
El caso es que yo he acabado desistiendo y les he dicho que sí, que he sido yo, he confesado por puro aburrimiento, ya no sé cuántas horas llevo aquí; pero ellos insisten en que un crimen tan escalofriante ha de cometerse por algún motivo, que no puede llevarse a cabo así como así, por simples maldad o sadismo. Necesitan una explicación. La gente es capaz de soportar el espanto si se lo explicas de manera razonable y con argumentos, lo cual me parece aún más horrible. Lo que pasa es que yo no soy una persona de desarrollos lógicos, sino de procedimientos, y esto les altera y les vuelve suspicaces. Les incomoda aún más que si en verdad hubiera cometido yo los crímenes de que me acusan.
El psiquiatra me cree y piensa que no soy un asesino, sino que simplemente estoy loco, y ha sugerido dejarme en libertad sin cargos y bajo vigilancia preventiva, de forma que pase a ser paciente externo en tratamiento de su hospital. Pocas noches después me adentré en su casa para agradecerle su ayuda, punto en el cual cambió de opinión para pasar a considerarme un criminal en potencia. Reescribió sus conclusiones, las envió al inspector e instigó para que se me juzgara por las muertes que – decía – sin duda he cometido y que me resisto a confesar. Por eso estoy aquí, con el loco que no duda y que me mira como si me conociera. Eso es lo que hacen los locos, creen que ya han vivido el mundo anteriormente.

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ISSN 1902-5815   Versión impresa.

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