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Mini Relato

En El Floridita con daiquirí y otras microficciones sibaritas

jose prats sariol 251Inéditos
Especial para Aurora Boreal®

 

 

En El Floridita con Daiquirí
Guillermo, como Ernest Hemingway, prefiere el daiquirí sin azúcar y sin absorbente. Así lo toma cuando el hijo lo sorprende en la barra de El Floridita, abrazado a la cobriza Gertrudis, su amante oriental dúctil en curvas de entonación apretadas, de caderas realmente traviesas y moral ensimismada en cama o ducha... El joven, sin alzar la voz, le recrimina que le doble la edad a la nutritiva ciudadana, cuyo amor hacia él se parece –dice— al de las jineteras de la Alameda de Paula, casi al borde de la embrollada bahía. A las alegres coristas que Degas pintara en París –piensa Guillermo, mientras le sonríe al hijo y descabeza un Romeo y Julieta. Pero la perseverancia del joven está a punto de fastidiarle el almuerzo, las langostas a la mandarina que después le permitirán retozos sin retazos. Y decide interrumpirlo: “Hijo, perdona, ¿recuerdas cuál es mi plato favorito?” El joven lo mira. Mira a Gertrudis, que se lima las uñas; al barman, a un entremés donde se enredan finas lascas de Pata Negra en dátiles tostados. No entiende pero contesta: “Bueno, papá, las ostras”. Guillermo recorre de un golpe de vista el cuerpo de la mulata Gertrudis, a la que llama Tula. De abajo a arriba la facha de su hijo. Traga un sorbo de daiquirí y da una cachada al Romeo y Julieta. Susurra: “¿Y cuándo se pregunta a las ostras si uno les gusta?”

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La cola de María José

trenza 251Los cinco primos corrieron a ver como la tía Eugenia iba decidida a cortar la trenza de María José. Este sería su castigo por trasnochar en la calle y regresar como si nada, sin considerar las velas que su madre encendía por su sano regreso.

—Tía Eugenia, mi cola de caballo es la que tiene la culpa, pero sin ella no soy feliz.

Sin atender a sus súplicas, la tía Eugenia cortó de tajo la larga trenza de María José y sorprendidos quedaron tanto ella, como su tía y sus cinco primos al ver cómo la cola de caballo se movía en el suelo con el mismo desespero que sus hormonas.

—¡Una serpiente!, gritó uno de los primos.
—¡No, una lagartija!, exclamó el otro.

La tía Eugenia al no saber qué hacer se le ocurrió que si rapaba a su sobrina el pelo dejaría de moverse.

—¡Espera tía!— Intervino la prima tercera. Metamos el pelo en una olla con agua caliente y hagamos una toma para conseguir marido. Las otras dos primas estuvieron de acuerdo.

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A lo lejos

miguel rodriguez 250Ojalá no lo hubiera hecho.
Pero no lo digo por los rumores o las palabras, ni siquiera por los secretos de los que siguen en la sala y que ya nunca sabré; tampoco por los que ellos inventan de mí y que ahora se cuentan entre sílabas como si yo no estuviera. Nada de ello me importa. Lo digo solo por tu voz, tan cansada a estas horas y aun así tan dulce, atendiendo cortesías y abrazos anónimos, porque en la muerte ya casi nada mantiene su nombre. Solo por tu voz. Así te escuchaba en la entrevela del sueño, muy de mañana. Tengo el dormir ligero, y me acurruco en tus piernas y enrosco el edredón como si fuéramos una placenta en la que – aún sin nacer – ya vivíamos juntos, unidos por una voz umbilical. A veces hablabas en sueños poco antes de despertar. No contabas historias, decías palabras inconexas, luego parabas unos segundos como para escuchar una respuesta u observar una reacción de alguien fuera de la placenta, dentro solo de tu cabeza. Hablabas y a veces reías. Y entonces yo sabía que estaba vivo. A escasos centímetros, protegidos de horarios, trabajo y ocupaciones del exterior, allí, dentro del abrazo y de la placenta, te respondía. Te preguntaba. ¿Qué me dices, mi niña? ¿Qué es eso que cuentas? Dímelo otra vez. Y quedabas en silencio, sorprendida de que mi piel buscara tu palabra incluso en sueños. Como las que dices ahora, solo que ahora solo oigo las tuyas, los demás se han muerto todos. Te hablan, pero se han muerto. Los he traído conmigo.

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Tres textos de David Majano

david majano 250Selección de textos para Aurora Boreal® por el autor

 

Sospecho del vecino de al lado

El aullido que apenas escuché
provino de la casa de al lado, estoy seguro.
Posiblemente fue un aullido.
Creo que ha sido alguna extraña mascota del vecino
así como extraño es él.
Pero, yo más creo que es sospechoso y no extraño.
Su mirada de piedra y su andar de plomo.
Será su perro o él imitándolo.
A veces me parece que mientras ve su televisor, por las noches, ríe.
¡Qué extraño!
Pareciera que se divierte.
Algunas veces lo he visto regando su jardín
jugar con sus, también, extraños hijos.
Yo sospecho que dentro de su colorida y ordenada casa
encierra algún demonio, algún ser maligno.
Es extraño y sospechoso todo esto.
Pero, estoy seguro
que el aullido que apenas escuché
vino de la casa de al lado.

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Muerte del silencio - Diario

ana maria fuster 256Primer día…

 

Mi mundo se transforma en un inmenso pitido. Los sonidos lentamente se transforman en gritos agudos. Puedo escuchar todo, por ahora, detrás de los grillos invisibles en mi cabeza. Poco a poco los grillos devorarán cada compás, melodía, la voz seductora de los sueños, la música, todo danza entre los velos de los chillidos en mi mente.
Llevó varios años así, pero los fantasmas ruidosos son cada vez más insoportables en el oído derecho desde hace unos meses.
Ayer finalmente fui a un doctor y me confirmó que los sonidos de la vida poco a poco serán devorados por esos seres invisibles de altas frecuencias que habitan en mí…

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Grow Deep Coaching

Los amigos invisibles - próxima publicación

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