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Martes, Sep 26th

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Mini Relato

La mano de la gente

danilo alban 001... ¿Y cómo fue qué sucedió?
Así como le cuento vecina, fui al Palacio de Justicia y un Fiscal me dijo que podría configurarse un caso, pero lo difícil,-comentó ella con voz desconsolada-, era que habría de sancionar a todas las estudiantes del salón o si no, a las directivas y jefes de grupo de todo el plantel educativo, y es allí donde todo se pude estancar, no prosperaría, dijo él.
¿Y usted qué le respondió, vecina?
¡Qué caso si había, pues mi hija estaba muerta! Entonces que por dónde debía empezar, le dije resuelta. Pues mire señora, me respondió el Fiscal, a su hija la asesinaron muchas compañeras del salón y no se sabe exactamente quienes, así opera el matoneo. Las directivas del colegio dicen que todo ocurrió fuera del plantel y por eso no se hacen responsables de nada y menos del comportamiento de ellas, pues el comportamiento todavía no es una ciencia, es decir, no tiene leyes y así actuaron ellas: sin leyes. Así que lo mejor es retirar a su hija mayor del colegio y enviarla a otro lugar, tal vez fuera del país, para que no corra con la misma suerte. No hay otra salida.
¿Y usted que le contestó, vecina?
Le insistí que él era el fiscal, se lo dije con toda las letras y rechinando los dientes, que él representaba al estado, y si fue en la calle el asesinato, él y todo el corrupto estado tenían que responder; y qué tenía entonces que enviar a mi otra hija al cielo, para donde él mismo debería irse, porque esta vida no tiene leyes, es decir, la vida no es una ciencia, ya que acá pagan, desde Jesús, justos por pecadores: y le disparé en la frente, sin más, sin mediar palabras. Yo no sé si murió, la muerte de mi hija anestesió esos ruines sentimientos de dolor y pesar, ya nada me importa.

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De fantasmas y poetas

ana maria fuster 250nLa acompaño al recital dedicado a excelsos poetas organizado por el sindicato pro rescate del patrimonio literario. Ella leerá un poema de su autoría y otro de López Suria. Llegamos a la actividad no encontramos tantos escritores como esperábamos, sino siluetas que frotan sus propias voces entre las palabras. Me pesan sus silencios sin silencio. Respiro con dificultad y ella me dice que no me apure. Noto que nadie en el lugar tiene ojos. El rostro de ella frente al micrófono llueve sílabas, devora versos, absorbe la sangre de aquellos comunes fácilmente reconocibles en los manuscritos deshojados de cualquier editorial pretenciosamente desconocida. Llueve muerte sobre la muerte. Ellos no reconocen poemas ni autoras, no entienden las palabras, pero uno grita qué bella es esa nena, otro cuchuchea y es amiga de... y palmean borrachos de hormonas e ignorancia. Su voz se agolpa en mis entrañas. Hiede a muerte. Ella me mira, la miro. Nos damos cuenta de que duermen. Ella vuelve al micrófono y lee el segundo. No despiertan, solo aplauden una y otra vez, aunque el despertador les desgarre la sangre. Allí no hay poetas, solo pinceladas de nombres y apellidos. Nos vamos del lugar bajo la lluvia de silencios reciclados. Al volver la vista, los fantasmas siguen aplaudiendo.

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Estación Neptuno

teresa iturriaga osaEstuvo paseando por las puntillas del mar. Un vestido de agua azul se movía con la brisa cubriendo las rodillas de la arena. La señora Kore veía a la gente en la playa, las familias reunidas en círculo, los enamorados en la orilla, las mesas llenas de niños disfrutando su vida con un espejo de colores, un regalo de risas envueltas en celofán color púrpura, lazos de sueños coronados por el sol, un ornato feliz. Y, sin embargo, ella pensaba que nunca había sido dichosa. Siempre tuvo la sensación de que le faltaba algo... Siempre. Incluso con sus hijos, nunca en plenitud. Siempre añoraba un no sé qué. Esa había sido su sensación desde niña. Por eso se fue de todas partes como alma en pena, sin dar un portazo de corta y rasga, sin atreverse a romper el cascarón, y así se le habían pasado los años... buscando y buscando, y el tren no llegaba y no llegaba. Y no llegaba.

Hasta que, de repente, un día se palpó la voz gracias a Rone.

A base de constantes peleas, amores y celos, desvaríos y locuras, es cierto... sin ninguna perfección, pero así y todo, había recorrido un camino de encuentro hacia ese lamento interior que siempre estuvo allí, rondándole la piel secreta. Se pasó el día desmigando su enfado y bendiciendo a aquel hombre, agradeciéndole a la marea el instante en que le conoció, porque sabía que todas las angustias y penas que le había ocasionado ese contraste, en realidad, no serían sino la antesala del magma que ya brotaba de su ser.

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Somos

anamaria fuster 001Estoy a punto de saltar al abismo. No entiendes que no puedo explicarte que soy torpe, por eso perdí el camino hacia nosotras. Aquí arriba, tu recuerdo me entierra silencios en la piel. Allí abajo, tu voz me desliza hacia el abrazo del viento. Y es que la soledad tiene el sabor del salitre impregnado en mis dedos luego de nuestro último encuentro. El suicidio es solo un proceso de quitarse los viejos disfraces y desnudarme de lo que nunca debí ser. Para ser tuya, tengo que dejar de ser mía. Trato de lanzarme al vacío, pero ya no tengo pisadas. Me desmiembro mientras deletreo tu nombre. Solo así convertida en una sílaba, en la última caricia podré salir de este pedazo de cuerpo que me queda y brincar hacia ti. Poco a poco voy cayendo, finalmente ya no soy. Somos.

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El álbum

danilo alban 001Un golpe fuerte en la ventana y una suerte de crujido leve -sonido casi imperceptible- sacó de concentración a la madre. Fue hacia la ventana, la abrió, y antes de gritarles a los niños que tuvieran cuidado porque iban a quebrar en cualquier momento un vidrio, se percató primero de que sus dos hijos estuvieran en algún punto de su observación: profirió entonces lo que en repetidas semanas venía advirtiendo con tono inseguro pero alto: "o hacen caso o se entran."
La madre volvió a la mecedora y continuó mirando, abstraída, las imágenes que el televisor le mostraba. El volumen estaba en cero. Pero eran tan fuertes y tan claras las imágenes que reproducía su memoria, que le llevaron de nuevo, como hacía varias semanas, al cuarto, para sacar del closet el álbum del matrimonio. Lo miraba y lo repasaba con tanta ansiedad como quien quiere encontrar algún secreto, qué por fin lo hizo: uno de sus ojos se veía triste. Segundos solamente bastaron para que dos lágrimas gruesas y aceitosas recorrieran su rostro, mientras en tono de susurro decía": Si le hubiera aceptado el consejo a mi madre". Fue en ese momento, donde dos sonidos se escucharon al tiempo: el sonido agudo y seco de las llantas de un carro y el portazo metálico de la puerta. Salió entonces deprisa hacia la ventana, la abrió, y como si el golpe hubiera sido justo allí, los vidrios se le vinieron encima, cortándole el antebrazo, ella ni siquiera se percató, la mirada de los vecinos y los niños se dirigieron hacia el segundo piso pero la muerte en el primero, en la calle, le quitó audiencia. La madre no entendía lo que pasaba e intentó gritar pero su boca se cerró cuando vio que en la acera del frente estaban sus dos hijos, sanos, observando como moría el perro de la vecina bajo las llantas de un carro: "se entran ya", gritó colérica. Entonces, volvió a la mecedora, aún sin sentir que por el antebrazo bajaba ligero y tenue un hilo de sangre. Abrió de nuevo el álbum y lo puso entre sus piernas y poco a poco, mientras trataba de reponerse del susto, fue sintiendo que ellas pesaban toneladas y que sus ojos se iban cerrando plácidamente como hacía varias semanas no lo hacían y entonces, un rato después entre luces blancas y brillantes y figuras ya muertas pero muy vivas de sus abuelos y su madre escuchó con toda nitidez: "los errores no son para toda la vida". En ese momento, con ojos felices, tomó las manos de su madre.

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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