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La astucia de los mitos

de lejanias 251De lejanías
Rosalba Campra
Poesía
Alción Editora
Páginas 130
Postfacio, La astucia de los mitos por Leonel Alvarado
2017

 

 

 

La astucia de los mitos

Esta poesía duda. Se ampara en “la astucia de los mitos” para resistirse a proponer certezas. Escribir como argucia, modo nada confiable de sacarle el cuerpo a las que podrían asumirse como grandes verdades: el pasado, el exilio, la familia, los amores, los viajes, la vida misma. No puede asegurarse, como ocurre en el hermoso Foto de mi madre o no en la estación, que la madre que dice adiós en el andén sea la madre; tampoco se sabe a quién le dice adiós. Al final del poema hay una estremecedora revelación: una fecha improbable, escrita, según su propia admisión, por la supuesta hija: ¿podemos creerle? No es eso lo que importa.

Desde el primer verso, el libro traza una cartografía de la duda: “No sabemos qué acá es este” (Desde Santo Domingo). La palabra ‘cartografía’ es esencial en la obra de Rosalba Campra; sus libros recorren mundos y vidas, están llenos de viajes por lugares y épocas, por historias y mitologías, desde una puerta en Marruecos hasta una misión jesuita de su natal Córdoba.
En este libro de lejanías reaparecen espacios de la infancia, ciudades de incierto pasado milenario o colonial y el Sur (así con mayúscula). Todos importantes, y no. Recurro a la hipérbole y al atrevimiento de la memoria para decir que los libros de Rosalba Campra son un ir y venir, un irse y volver en un viaje hacia un destino que no queda ni en la distancia ni en el tiempo.
Algunos de esos lugares quizá solo hayan sido verdad en los mitos, en una foto o en alguna canción. Aquí recuerdo el bellísimo Regreso a Itapoan, en el que dos se sienten defraudados: ella por el engaño del lugar y él por un recuerdo de ella que no conocía. ¿Por qué hay duda en esta poesía? Quizá —no puedo decirlo sino dudando— porque los lugares se prestan a la mentira, al engaño de la nostalgia o del deseo.

Los lugares, como las herencias, viajan. En la narrativa de Rosalba Campra, como en gran parte de su poesía, hay al menos un viaje o un viajero, alguien que volvió, pasó, no pudo quedarse, vino de un lugar que en el pasado era de nadie, llega a otro lugar que no le pertenece, y a veces sólo va a morir, como el niño ahogado en playas europeas. Lo que fue o pudo ser se cuenta sin pretensiones, con naturalidad, hasta de una manera inocente, y esto cautiva porque a nadie se le está proponiendo una verdad, solo una historia. Tampoco en los títulos hay artificios; casi solo un nombre. No simpleza, sino esa inocencia que encontramos en la narrativa fantástica.

de lejanias 385Este libro se mueve entre tantas ciudades pero el espíritu de cada una no se diluye en el viaje; algo único perdura en los laberintos y las acerca. Hay algo que solo es de Córdoba pero que también encontramos en Keramikós: la memoria sosegada y la puerta esplendorosa, la ausencia entre las piedras milenarias y los Pozos Verdes: “Cuando digo mía/ es porque estoy mintiendo” (Desde Córdoba de la Nueva Andalucía). Cada lugar se goza y se sufre por separado, pero también se admite que, en el exilio latinoamericano, surge la conciencia de algo mucho más grande que la patria de cada uno: el reconocimiento de la Patria Grande como una forma de, precisamente, no sufrir cada país por separado (Ronda del exilio).

En este libro se nos lleva por esos y otros lugares, se nos guía para recordarnos que, como en las Instrucciones para un encuentro en Singapur, estos poemas son instrucciones para no olvidar, para afirmar que la vida es eso, dudas, búsquedas, encuentros y desencuentros, cartografía mentirosa en medio de “la improlija cartografía/ del universo” (La Biblioteca). Los poemas adquieren una condición de manuales, como ese Manual para transeúntes, en el que “solo/ lo que es contado existe” (Narración). “De lo que aquí estamos hablando/ es de a quién pertenece la memoria”, se le dice al doctor en Pertenencia: también se trata de saber a quién se atribuye el derecho de contar historias y reinventar mitos.

En una de las fotos de la madre aparecen dos figuras inquietantes al fondo. Hay ocho niñas en esa foto de la escuela y esas presencias que, por alguna razón, fueron tachadas. Por esa tachadura se filtra la duda. Esa es la amenaza latente en la poesía: ese recuerdo que traiciona, que no se deja ver del todo, pero cuya presencia pesa, se hace sentir y termina alterando, como una anomalía, el recuerdo. Es lo que ocurre en las revelaciones sobre el padre, en la plaza traicionada de Itapoan, en el Eridano convertido en “un cauce seco/ y un reguero de hormigas/ en la arena” (Keramikós). Se trata, pues, de una poesía de la inconfiabilidad, que es lo que ocurre al desembarcar en otra orilla y otra lengua, obligando el viajante a asumir una condición de huésped incómodo.
Que este viaje recorra tantas geografías históricas e íntimas, así como que esta lectura salte de un poema a otro, no quiere decir que el libro no sea un solo cuerpo, una misma historia, un mismo viaje visto desde tantos trenes, dolido de muchas maneras. No hay dispersión en este poemario, sino unidad, lograda, en gran medida, a través de poemas tramados narrativamente. Esta me parece ser una de las virtudes de la poesía de Rosalba Campra: la fluidez narrativa, a la cual creo que también se debe una de las maravillas más dolidas y disfrutadas de estos poemas, el golpe del final, como esa muerte que distrae en el último verso del poema de Palmira; la palabra sorprendida en Desalojos; los dos finales, igualmente sorprendentes, de Pertenencia, los cierres deslumbrantes de Desde Córdoba de la Nueva Andalucía, Ronda del exilio...

Entre los lugares posibles de la poesía de Rosalba Campra, como en su propia biografía, está un Sur, que se afirma pero no con la bandera traicionera de los nacionalismos. Un Sur poblado de silencios, como se dice en Los silencios del Sur, título engañoso porque es una geografía ruidosa, en la que el coatí y los carpinchos roncan, “El tapir barrita./ El jaguar himpla” y el glugluteo del pavo “suena/ como el de los degollados”. La brutalidad rompe ese silencio y aparecen “otras bestias sigilosas/ empuñando sus ametralladoras”. Frente al encantamiento, la violencia; esto es frecuente en la poesía de Rosalba Campra: el rompimiento del hechizo, a veces de una manera brutal o por la revelación sorpresiva de la duda. En esto de ser felices para siempre existe la amenaza inesperada de la desolación; eso nos dejan, para el caso, las Cantigas de ausente, y esta es, también, una de las lecciones más dolorosas del Sur.

Esto puede decirse sin dudarse: solo queda la certeza del engaño. No se cae en la trampa de creer que el pasado fuera mejor o al menos que la felicidad fuera duradera. Frente a la desolación y, sobre todo, ante la presencia inevitable de la muerte (Reloj), quizá baste con que un día alguien haya sido feliz para siempre (Foto de mi madre nº 2). Así se tiene la sensación o, mejor dicho, el consuelo de que un verano, en Kivik, “fuimos todos inmortales” (La feria). Es una de las lecciones que nos hereda, en su mitología de la duda, este Manual para transeúntes, y que cada quien viva su lejanía a su manera.

Leonel Alvarado

 

A continuación incluimos una selección de poemas de libro De lejanías de Rosalba Campra, Alción, Córdoba (Argentina) 2017.

 

De la sección “Lejanías”:

Desde Córdoba de la Nueva Andalucía

A Daniel Salzano

Esta ciudad mía
donde llueve en verano
para que el azul de las cúpulas
reluzca
para que muy de madrugada pueda verse
un submarino ruso
bajar por la Cañada
y desde más allá
no demasiado lejos
los Pozos Verdes devuelvan
sus ahogados.
Eso sí, todo sin prisa.
Esta ciudad mía
en la memoria
es sosegada.
Sólo en la memoria
es decir en la ausencia.
Cuando digo mía
es porque estoy mintiendo.

 

**********

 

De la sección “Tratado de la persistencia”:

 

Desalojos

 

Un vidrio nos preserva
y a la vez aniquila.
Desalojados de nuestro cielo
arrancados de la luz
que blanquea las ruinas,
aquí estamos. Dioses,
reyes, semidioses,
héroes, cuidadosamente
clasificados.
No según nuestra jerarquía
–eso, como todo el resto,
ya no existe–
sino por decisión de los expertos
en historia del arte
de las religiones
de las técnicas y los materiales.
Una vez fui resplandeciente
cruel Apolo
Fui en el juicio de Paris
la más bella
Fui el rey de los Atridas.
Aquí estamos.
Exhibidos inermes a miradas voraces
objeto mudo de palabras ajenas
aunque nuestra voz siga llamando:
un resultado
del descreimiento.
Una palabra que ya a nadie
dice nada.
Tampoco la tuya
al cabo de los tiempos,
lector de este poema.

 

**********

 

De la sección “Álbum”:

 

Foto de mi madre n° 1

 

Es una foto bastante desvaída
tomada, creo, en el patio de una escuela
¿Qué escuela sería esa?
Una escuela en Rufino,
ciertamente: ese es el pueblo
donde nació ella.
Son ocho niñas,
mi madre es la más linda
de las tres de uniforme
con medias de tres cuartos,
zapato de pulsera,
que están en primer plano.
Sentada en el centro, ella
muy de piernas cruzadas,
como al descuido en las rodillas
apoyando las manos,
sonríe: es la única.
Una sonrisa apenas esbozada.
Atrás, de pie, los varones.
Serios, feos.
La tinta desvaída deja leer apenas
Primera Comisión de la
Biblioteca Infantil...
y un nombre que casi
se ha borrado.
Podría ser Bernardino Rivadavia.
Leo una fecha, o más bien,
interpreto: 9 de julio de 1924.
Algo inquietante
sucede en el fondo de esa foto.
¿Quiénes son esas dos sombras enmarcadas
en la puerta?
¿Quién y por qué las ha tachado?
Su tachadura es su razón
de persistencia.
Si acaso pudiera descifrar
las palabras,
¿sabría algo más? ¿y sobre qué
sabría?
Nada más que preguntas
lo que mi atención
mi paciencia
mi amor
recupera.

 

**********

 

De la sección “Este es el Sur”:

 

Este es el Sur

 

Este es el Sur
donde dejé
tu corazón
o el mío

orilla irremediable
invención de los tangos
de algún verso de Borges
o maquinación de la nostalgia

                                   Las lunas del Sur, ¿viste? son múltiples,
                                   pero ninguna vidriera las refleja. En los almacenes del Sur
                                   se vende yerba, inundaciones, el albur de un duelo
                                   o de un as de diamantes

El Sur este barullo de la sangre
leguas de pampa basurera
y la arena en el viento:

¿Hay algo acaso que la vida no se lleve?

Cuatro estrellas dibujan
La Cruz del Sur

                           Su nombre, en guaraní, era
                           La Vagina del Cielo

Y después

El Sur

queda siempre
igual
de lejos

 

**********

 

De la sección “Cantigas de ausente”:

 

Puerto

 

¿Tatuadores de Nyhavn, qué se hicieron?
¿Dónde emigraron sirenas,
poetas y marineros?

Nocherniegos que soñaban
al unísono sus sueños,
¿qué fue de ellos?

¿De aquel café tan propicio
a la mentira
y al riesgo?

¿Qué fue de mí, sobre todo?
¿Y de mi amor?
¿De mis miedos?

¿O es que al fin uno despierta?
Hora grave
el alborear.

 

**********

 

De la sección “Autorretratos desde extranjerías”:

 

Indocumentados

 

Sans papiers sans papiers
¿dónde están sus papeles?
¿dónde están?

¿A mí me dice?
¿Sin papeles yo?
Tengo en mi haber
tres novelas
cuatro libros de cuentos
relatos en antologías prestigiosas
ensayos a granel.

Ah no vale no sirve
muy por el contrario
no abona en su favor.
Si es usted misma quien lo afirma
¿esa, qué garantía puede ser?
Una de tantos indocumentados
eso es lo que es usted.
¿Permesso di soggiorno?
¿Conto in banca?

He aquí mis documentos
Supremo Inquisidor
atestación de limpieza de sangre
someto a su escrutinio
mi pasaporte mi diploma mi DNI
títulos de propiedad
radiografía de tórax
a lo mejor, buscando,
hasta un pariente militar.

¿Hispanic? No me apunte,
nada que ver con gente de países
inconfiables,
gente de lejos, o de cerca,
pero de color.
Mi piel me exime de otras pruebas,
míreme en detalle,
toda ropa de marca,
y por si fuera poco,
soy rubia natural.

Ya sé no me lo diga no hace falta
el asunto es que uno tenga
alguien moreno al lado
et voilà, para salir sin daño de ese tema,
la diferencia actúa a su favor.

Sans papiers, ah non Monsieur,
el francés que hablo
yo lo aprendí en l’Alliance,
controle mi green card
no escriba en mi ficha Alien,
eso es para los que viajan en la estiba
clandestino, infiltrado,
monstruo de otro planeta.
Como puede ver, no soy yo,
¿tengo acaso cara de inmigrante?
Aquí llegamos como encomenderos
inversores dueños de la tierra
industriales. A veces un artista,
para compensar.

No crea señor oficial que no lo entiendo,
a mí también me molesta
la ilegalidad la pobreza
la falta de elegancia
la desesperación.
De modo que indocumentada
a mí no me lo dice,
sus preocupaciones las comprendo
las acato las comparto
yo extraño los tiempos en que llamaban
La Docta a mi ciudad.

Entonces los míos tenían prejuicios elegantes
sólo comían alfajores con sus pares
las damas sí que sabían de melindres
y las de piel oscura eran mucamas.
Mire hoy la peatonal: ¡qué mescolanza!

No soy racista
es que ellos son distintos,
me fastidia que invadan mi ciudad
que estiren en veredas
del centro sus ponchitos
para ofrecer miserias
que nadie va a comprar.
No sé por dónde entraron
quién los dejó que entraran.
No sé de qué país vienen,
en una de esas vienen
de mi propio país.

 

**********

 

De la sección “Manual para transeúntes”:

 

Mujer con valija

 

En la valija esta mujer lleva
su idioma.
Entre todos los que atravieso este es el mío,
dice,
este es mi país inevitable,
mi centelleante laberinto,
la lengua de la infancia.

Ah con qué complicidades me agasaja
me invita me desvía se despliega
abre para mí sus puertas-trampa.

 

 

 

rosalba campra 350Rosalba Campra
Argentina. Nacida en Córdoba y residente en Roma, ha publicado numerosos ensayos, textos de narrativa y poemas en distintos medios en Europa, América Latina y EE.UU. Entre ellos se cuentan Los años del arcángel, 1998; Las puertas de Casiopea, 2014 (novelas); Herencias, 2002; Ella contaba cuentos chinos, 2008; Mínima Mitológica, 2011; Ficciones desmedidas, 2015 (cuentos y microficciones), Ciudades para errantes, 2007 (poesía), De lejanías, 2017 (poesía). Entre sus ensayos, Territorios de la ficción. Lo fantástico, 2008; Cortázar para cómplices, 2009; Itinerarios en la crítica hispanoamericana, 2014; Los que nacimos en Tlӧn: Borges o los juegos del humor y del azar, 2016. En otras obras, conjugando palabra e imagen, ha explorado diversas posibilidades del libro-objeto: Constancias, 1997; The book of Labyrinths, 2008; Moradas de los Mayores, 2012; Zona de Juego, 2014. Ha desarrollado una intensa tarea docente como catedrática de literatura hispanoamericana (Università di Roma La Sapienza) y dictando cursos y seminarios en universidades europeas y americanas.

 

leonel alvarado 350Sobre Leonel Alvarado
Honduras, 1967. Poeta y ensayista hondureño. Catedrático universitario. Realizó estudios especializados en universidades de Estados Unidos y Nueva Zelanda, país donde reside actualmente. Autor de los libros de poesía: Xibalbá, Texas (Premio Centroamericano Rogelio Sinán, 2014), Driving with Neruda to the Fish ‘n’ Chips (2014), Retratos mal hablados (Mención Especial Premio Casa de las Américas, 2013), El reino de la zarza (Premio Latinoamericano de poesía “EDUCA”, 1993; 2da Ed. 2017) y Casa vacía (1991); de ensayo: Vida y obra de Bulnes el memorioso (2007) y Sombras de hombres (Premio Centroamericano de ensayo “Rafael Heliodoro Valle”, 1992); y de cuento: Diario del odio (Premio Latinoamericano “Letras de Oro”, 1996). Su poesía ha sido traducida al inglés y al portugués. Ha sido jurado de varios certámenes internacionales, entre ellos el Premio Casa de las Américas (2017) y el Premio Centroamericano y del Caribe Roberto Castillo (2016).

 

Material enviado a Aurora Boreal® por Rosalba Campra. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Rosalba Campra y Leonel Alvarado. Selección de poemas por Guillermo Camacho y publicados con autorización de Rosalba Campra. Fotografía Rosalba Campra © Giliola Chistè. Fotografía Leonel Alvarado  © David Lupton. Carátula del libro De lejanías enviada por cortesía de Rosalba Campra © Alción Editora. El motivo de tapa del libro De lejanias reproduce un detalle de Mirando a Gaudí de María Udriot.

Los amigos invisibles - próxima publicación

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ISSN 1902-5815   Versión impresa.

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