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'Coordenadas temporales' - el segundo libro de ficción de Claudia Salazar Jiménez

coordenadas temporales 250Hoy hablaremos de Coordenadas temporales, el segundo libro de ficción de Claudia Salazar Jiménez, uno que reúne 12 cuentos, algunos cortos y otros muy cortos. Desde luego, Claudia no necesita presentación. Cinco ediciones de La sangre de la aurora, su primera novela la adelantan. También el Premio Las Américas de Narrativa Latinoamericana otorgado en Puerto Rico. En cierto punto, esta presentación tienen un gesto inverso, el de presentarnos a sus cuentos.

Se llaman Coordenadas temporales y expresan la paradoja de lo fugaz en una escritura a la que definen bien una sensibilidad y un pensamiento. Digamos que, en este caso, los cuentos, antes que formas literarias, son formatos que cortan y la vez posibilitan los flujos de escrituras, con sus desvíos y discontinuidades. Las “coordenadas son” las revistas, las antologías, los espacios de figuración pública que no son libros pero que tienen más velocidad y vida cotidiana que la literatura de libro y de autor “literario”. Hablo de espacios otros que tienen algunas reglas: por decir, la ortodoxia del género cuento para ficción que responde a la lógica literaria de lo veloz y a la lógica del mercado del formato corto: más autores en el menor número de páginas impresas . A cambio, no se obtiene poco: la literatura se suma, en la mayoría de los casos, a la multiplicación de medios y soportes que hormiguean en el espacio público, en el intersticio que deja la multimedia contemporánea, distinta de la escena estática de lectura de autor de biblioteca patricia. Son formatos de literatura portátil; los de una literatura que se sube a los buses, que se multiplica por los centros de mesa, que fertiliza el breve lapso entre obligaciones laborales. ¿Es, por ello, literatura muy distintas de la otra de Claudia Salazar Jiménez? No en sus líneas de continuidad, como he dicho.

¿Qué es lo continuo, pues, de 12 historias signadas por el formato breve, su distribución pública y unas coordenadas temporales diversas? Puede figurarse una guía de viaje para recorrerlas, para ubicarse en un centro ilusorio que sea la mano que sostienen la brújula del viajero. Pero, como lo entiendo, hacen sentido por cualquier comienzo. El del índice va así: “Aquellas olas¨ plantea la fluidez secreta entre estados del mundo que consideramos estables: ¿acompañamos al moribundo al que le han amputado las piernas o al padre que se adentra con imprudencia por los bajíos de las playas? “El ballet” es la escena de intimidad brevísima en que un simple ademán muestra que una la niñita discrepa del sueño de ser bailarina que le asigna la madre. ¨En paz¨, la voz de televidente se disocia de su cuerpo para que Salazar Jiménez explore la soledad de la vida que domestica el capitalismo. ¨El grito¨ modula el tobogán emocional del estrés postraumático en una excombatiente de la guerra interna que ha migrado a los Estados Unidos. “Pantalla en blanco” se cuenta, como lo veo, espalda con espalda a “El grito: un escritor bloqueado con la mujer al alcance de la mano y de su malhumor. ¨Los otros 200”es una forma brillante de resolver los requisitos de una antología que solo junta micro cuentos cuyo tópico es hablar en clave de terror de la habitación 201 de un hotel anónimo.

Me gusta particularmente ¨Carta a Salvador”, que vuelve al punto de intervenir con un cuento una antología temática, en este caso, de Kafka. Apremiado por el antólogo, Franz, migrante y jornalero ilegal en los Estados Unidos, le escribe una carta temática, donde explica las dramáticas condiciones domesticas y laborales que le impiden de principio escribir un cuento kafkiano. La parodia de los estilemas de las cartas de Kafka es deliciosa. Sigue la estampa ¨Plancton luciferino”, cuando una pareja que no se comprende para remar avanza en kayak dando tumbos por una laguna con plancton luminiscente de Puerto Rico. Luego en “La pollería”, el sicario, soldado retirado, lo mismo disfruta cínicamente del espacio cotidiano del restaurante popular que dispara sobre los comensales. “Cercada” es un cuento brevísimo de una mujer violentada y una ventana abierta al vacío. “El juego de las sábanas¨ enumera con automatismo de manual los movimientos de la performance sexual lésbica. El libro concluye con “Cyber-proletaria”, un cuento ejemplar de ciencia ficción, en el que habla una robot que se ha planteado regular la población mundial y sus efectos; para ello se finge humana, se finge empresaria y con ese disfraz funda una empresa de vientres artificiales que efectúe la indispensable manipulación genética.

¿Cuál la continuidad, entonces, en una escritura que negocia lo visible con el formato antes que con la noción de opera magna? ¿Una, en particular, cuya vida es el spin fuera de la escena de lectura estática? ¿Qué persiste como proyecto estético en ese tránsito promiscuo entre lo multimediático, lo cotidiano y sus mercados cruzados, que fugan de la postura del lector de biblioteca? Continua, en los doce cuentos, la toma de postura contra, justamente, un protagonista de esta lógica de la ficción breve: el puro maquinismo.

No se me malentienda. Cuando me refiero aquí a maquinismo o a máquina, no me refiero a un reloj o a un motor, o a un avión o a un robot (aunque ellos eventualmente sean capturados por la noción de maquinismo de la que quiero hablar). Entiendo junto con Deleuze que una maquina es cualquier principio automático de producción de sujetos. Así, la librería es una máquina. Entramos en ella y nos crea como sujetos compradores de libros. Hacemos cosas que no haríamos en otros sitios, interpelados por partes de ella: estantes para ojear, pasillos amplios y cruzados para deambular, sillones para coger y leer los libros. Adoptamos una postura y una gestualidad cuando miramos sus libros que no tendríamos en casa o en la calle y producimos en automático ideas sobre los comportamientos de personas idóneas en librerías. Lo misma relación tenemos con el Estado, porque siempre nos estamos pensando como sus sujetos y cómo reaccionar frente a sus instituciones y sus leyes y cómo ser ciudadanos y tal vez los mejores. Las maquinas, que desean reproducirse, tienen sujetos que las desean.

coordenadas temporales 350Hay tres máquinas en los cuentos de Salazar Jiménez contra las que esgrime una denuncia. Acaso una salida. Dos de esas máquinas las conocemos desde La sangre de la aurora, la tercera figura recién ahora. La primera es la guerra interna, una cuya lógica parcialmente develó en el pasado la Comisión de la Verdad; la violencia de género, que supone la normalización de la mujer como chivo expiatorio de la cualquier conflictividad (intrínseca al patriarcado, otra máquina), que enfatizó Salazar Jiménez en su primera novela; la nueva y tercera tiene efectos parecidos: es la migración (esa lógica multitudinaria del cuerpo latino que cruza la frontera ofreciéndose como fuerza de trabajo) . Los tres sujetos que resultan de estas maquinas son desplazados territorialmente (a otro país, al salto al vacío desde una habitación; al margen de la cordura o de la vida), viven en permanente insomnio o pesadilla lúcida, viven con la tortura permanente de la inadecuación, las más de las veces atados a un carcelero razonable o delirante (que incluso es un desdoblamiento del sujeto), pero en algún punto pleno de crueldad o violencia. Desde luego la máquina produce tanto a la victima como al victimario, y aunque el victimario sea responsable, la garantía de la reproducción infinita de ambas posiciones los excede. Porque el principio productor de sujetos no está solo en ellos sino en el régimen de lo social y lo político que facilita que las máquinas continúen trabajando sin pausa. Esas máquinas no pueden ser problemas para esos órdenes porque en mucho son cómo son porque ellas produjeron. Por decirlo en simple, a nadie que es machista le parece injusto el machismo sino se le señala, el criminal de guerra mayormente se imagina héroe de una causa secreta, el Estado imperial que recibe al migrante solo entiende que ha promovido una forma retorcida del esclavismo con trabajo mal pagados cuando la crisis humanitaria amenaza con disolver su vida normal. Las máquinas trabajan ciegamente y no tienen más fin que continuar. A esos disponen todas sus partes: instituciones, tecnologías, normas, pedagogías y seducciones.

En Coordenadas temporales existen sugeridas algunas salidas. Me gustan dos: esas cooperación entre mujeres para llevar adelante el kayak, a regañadientes, pero efectiva hasta el lago de las luminiscencias. Y esa historia de ciencia ficción sobre una robot empeñada en reformar el crecimiento antiecológico de la humanidad mediante la eugenesia. Conviene recordar que la idea de la maternidad artificial como vía se le da mejor como ocurrencia puesto que es ella y no él. Una vez más aparecen sin énfasis pero con luminosidad los trabajos de las mujeres para tejer vida y no muerte, para generar compromiso y no antagonismos inútiles. Esta batalla por oponer compromiso y utopía a las tres máquinas termina siendo solo una por la semejanza de sujetos fracturados que ellas producen. Llamémosla la máquina de guerra necropolítica por su obsesión por controlar los cuerpos o destruirlos. Es una combatiente férrea, que no siente y no piensa. Es como un virus porque no está viva pero es orgánica, compulsiva. Frente a ella, la obra de Claudia Salazar Jiménez mantiene una proliferante continuidad en la tarea desafiar la violencia artísticamente en cualquier formato y espacio que se le facilite, dondequiera que esté, así la aleje de las bibliotecas y de sus escenas literarias más características.

 

claudia salazar 351Claudia Salazar Jiménez
Escritora, profesora universitaria y gestora cultural. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es Doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Nueva York (NYU). Dirigió la revista literaria Fuegos de Arena. Ha fundado y dirige Perufest, el primer festival de cine peruano en la ciudad de Nueva York. Ha editado las antologías Escribir en Nueva York. Antología de narradores hiapanoamericanos (Lima: Caja Negra, 2014) y Voces para Lilith. Literatura contemporánea de temática lésbica en Sudamérica (Lima: Estruendomudo, 2011). Sus relatos han aparecido en en importantes antologías como: Basta. 100 mujeres contra la violencia de género (Lima: Estruendomudo: 2012), Denominación de origen: Perú. Antología del cuento peruano (Bogotá: Taller de edición Rocca, 2014), Habitación 201. Lado B (Lima: Altazor, 2014), Al final de la batalla (Lima: Cocodrilo, 2015), Kafkaville. Tributo a Franz Kafka (La Paz: El Cuervo, 2015), entre otras. La sangre de la aurora es su primera novela (Lima: Animal de invierno, Julio 2013) y es la ganadora del prestigioso del Premio Las Américas 2014, concedido a la mejor novela escrita en español. En noviembre de 2016 será publicada en inglés por la editorial Deep Vellum. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano y alemán. Actualmente vive en Nueva York.

 

Reseña enviada a Aurora Boreal® por Alexis Iparraguirre y Claudia Salazar Jiménez. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Alexis Iparraguirre y Claudia Salazar Jiménez. Foto Claudia Salazar Jiménez © Ana Ribeiro.  Portada del libro Coordenadas temporales cortesía © Animal de Invierno.

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