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Ensayo

Notas de un Diario pre-póstumo

victor fuentes 01119 de mayo, 2015.

 

Acodado sobre el malecón del muelle de Santa Barbara, contemplo el mar. No, no es este el mar modernista del Antonio Machado de Soledades: "El mar lactescente, / el mar rutilante, / que ríe en sus liras de plata, sus risas...risas de plata y de leche.". Es un mar que, al entregar sus olas antes de llegar al muro, se desparrama en un dibujo de archipiélagos blancos, un mapa marino –me parece-- del mundo globalizado, hermanado, repentinamente, borrado por una voraz ola, rutilante como el cuchillo de las grandes corporaciones multinacionales. Pero que, sin embargo, al chocar contra el muro, retrocede transformada, piadosa, cubriendo, y uniendo, todo él, con su dulce manto blanco al archipiélago que antes había desmantelado.
A lo lejos, anclado, un mastodóntico borrón blanco con sus cientos de agujeritos: el transatlántico del turismo marino de la sociedad de las masas y el consumo -- con sus cientos, sino miles, de pasajeros apiñados-- que, a veces, se encalla o se hunde rompiéndose contra una roca, o contamina a la casi total expedición con un flu entrado de polizonte. "No, no mires, ni pienses eso, ni lo otro de las corporaciones. Mira ahí, más cerca de la playa, esa ancha tarima flotante a la que abordan cuatro o cinco fúlgidas focas, dando, un par de ellas, un resonante somnífero rugido de placer antes de, una tras otra, tumbarse a la bartola sobre la tarima a dormir su siesta, mientras las gaviotas pasan, de puntillas, a sus costados".

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La vejez y la proximidad de la muerte vistas en Memorias de Adriano.

marguerite ypurcenar 250"Estaba de acuerdo en morir; pero no en asfixiarme;
la enfermedad nos hace sentir repugnancia de la muerte,
y queremos sanar, lo que es una manera de querer vivir"
– Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano

 

 

En aquellos años de intensa producción, alrededor de 1954, Marguerite Yourcenar escribió en su texto "El tiempo, gran escultor":

El día en que una estatua esté terminada, su vida, en cierto sentido, empieza. Se ha salvado la primera etapa que, mediante los cuidados del escultor, la ha llevado desde el bloque hasta la forma humana; una segunda etapa, en el transcurso de los siglos, a través de alternativas de adoración, de admiración, de amor, de desprecio o de indiferencia, por grados sucesivos de erosión y desgaste, la irá devolviendo poco a poco al estado mineral informe al que había sustraído su escultor.

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The blue guitar - una lectura de Wallace Stevens

wallace stevens 250A Gustavo Pérez Firmat. Y en recuerdo de Pepe Rodríguez Feo y su correspondencia con Wallace Stevens.

 

The Swan Man
Debe de haber sido muy fría esa terraza donde se asomaba a la nada, a lo verdaderamente sublime del hombre. Pura escarcha. "Enebros goteando hielo", dice, mientras se burla de los misterios, el sonido del viento y las furias. Porque el hombre de nieve suele derretirse temprano entre los pinos. Es nadie.

 

Pulitzer
Señor vicepresidente, con su permiso, en la radio acaban de decir que le otorgaron el Premio Pulitzer a un poeta que se llama igual que usted. Qué gracioso, señor Stevens. La gente aquí en Connecticut, en nuestra compañía de seguros, se va a reír mucho de la casualidad. El Hartford Courant lo publicará mañana. Va y se lo atribuyen al abogado.

 

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Notas de un Diario pre-póstumo: Nocturno

victor fuentes 01120 de enero, 2015.

 

Nocturno
(Tras una lectura de sonetos del Barroco y para poder dormir).


Me acuesto a las 10.35 p.m., y, por la ventana entreabierta, doy recreo al alma para que se vaya a jugar con las estrellas y besar a su luz divina. Convierto el cuerpo inanimado en un amasijo de objetos con-fundidos con los otros cachivaches de la habitación, y respondiendo solo al tacto: la cabeza, una bola de queso gruyer con su agujeros vacíos (los de los ojos, oídos...); el torso y el trasero un chafado chasis de aquellos diminutos autos Seat de los años 50 y 60; el sexo cayado*; las extremidades ramas secas caídas: las manos, con los dedos entrecruzados, un enredado poliedro, y los pies unas zapatillas muy gastadas. El corazón un reloj despertador con su tic-tac silente. Todo cubierto con una lona, a salvo de algún aguacero y de ventosidades, y con sueños, entrecortados, de las cosas –y personas—perdidas.
Con el alba, la retozona alma vuelve al cuerpo. Y, entonces: "Levantose y echó a andar".      

 

 * En este caso alude a cayado, bastón tosco, curvo o palo corto, y por supuesto está el juego del autor con lo de callado.            

                         

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Monólogo de Dionea memorizando el alfabeto griego durante un largo aguacero

dionea 250El monólogo de Dionea se refiere al santuario de Dodoni, situado al noreste de Grecia, cerca de la frontera con Albania. Allí pueden visitarse aún las ruinas del oráculo más antiguo de Grecia, citado por Homero, Esquilo, Sófocles, Heródoto y Platón, entre otros.

En Las traquinias de Sófocles, donde se escenifica la muerte de Hércules, se hace alusión a la profecía inscrita en unas tablas de arcilla, procedentes de Dodoni, donde está inscrito el destino del gran héroe.

El monólogo comienza con la introducción de Las traquinias.

En el oráculo de Dodoni se confunden la historia y el mito, la religión y el teatro, el culto al cielo y a la tierra. Heródoto cuenta que fue fundado por una mujer-paloma que llegó desde Egipto. A fines del siglo XIX las excavaciones arqueológicas permitieron desenterrar un teatro.

Dionea, una diosa casi olvidada en la época clásica, es allí venerada como la diosa-madre, diosa de la abundancia y la fertilidad, compañera del Dios Zeus.

Como puede leerse en la Ilíada, Zeus y Dionea son los padres de Afrodita, la diosa del amor.

Dionea es también identificada con la madre de Dionisos, el dios del teatro entre los griegos.

En este monólogo Dionea es una « actriz-sacerdotisa » que intenta recordar la historia poética del lugar, donde las respuestas del oráculo a las consultas de los peregrinos eran logradas mediante la interpretación de los sueños, del vuelo de las palomas y del sonido de unos calderos de bronce colgados de los robles sagrados.

Dionea enumera las profecías más célebres del oráculo –entre ellas las concernientes a la princesa Io, amante de Zeus— así como los intentos inútiles de destruirlo y borrarlo del mapa.

 

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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