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Ensayo

Hacia la tahona estuosa de César Vallejo

cesar vallejo 250Breve artículo sobre el XVI Capulí, Vallejo y su tierra, una conferencia celebrada en mayo de 2015 en Perú.

 

 

 

El XVI Encuentro Internacional Itinerante, Capulí, Vallejo y su tierra se celebró en Perú del 19 al 24 de mayo de este año. Después de la primera jornada en la casona de la Universidad de San Marcos en Lima, que incluyó la inauguración del evento en la Capilla de la Virgen de Loreto por parte de los doctores Danilo Sánchez Lihón, Mara L. García y Bernardino Ramírez Bautista, una sesión de lectura literaria y otra de trabajos académicos y críticos, nos desplazamos hacia Trujillo, Huamachuco y Santiago de Chuco, ciudad natal de César Vallejo.
Si bien este camino de Santiago de Chuco se inició en Lima y otras ciudades de Perú, para muchos comenzó en Andorra, Hungría, México, Inglaterra, Colombia, Brasil, España, Francia, Estados Unidos, Argentina, Escocia, Venezuela, Uruguay y Chile. En el Centro de Estudios Vallejianos de la Universidad Nacional de Trujillo hubo una ceremonia de bienvenida y distinciones. Al final el poeta Andrés Echevarría le entregó al Dr. César Alva Lescano, Presidente del Centro, un ejemplar de su edición fascimilar de Cartas de César Vallejo a Pablo Abril de Vivero, publicada por la Biblioteca Nacional de Uruguay. Los actos académicos en la universidad estuvieron acompañados por una feria del libro junto al paraninfo, en la que por fin pude hacerme a un ejemplar en español de César Vallejo Una biografía literaria de Stephen Hart. De la universidad fuimos al antiguo hotel “El Arco”, donde Vallejo vivió y escribió Los heraldos negros, después al colegio Nacional San Juan, donde entre sus alumnos del primer año de primaria tuvo a Ciro Alegría.

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¿Para qué sirve leer poesía?

manzana 005Son tiempos de pragmatismo y usura; de incertidumbre y desesperanza. Derribadas las utopías y convertidas en ruinas históricas, el hombre contemporáneo carece de un refugio que lo libere de la angustia cósmica. Buscamos paliativos para calmar las dolencias interiores, en una época en la que la tribu planetaria se obstina en la consecución de la riqueza y la acumulación de pergaminos de oropel. Sin quimeras comunes, y herida de muerte la solidaridad humana; los habitantes de la tierra hoy naufragan en doctrinas mesiánicas y credos fanáticos.

Ante nuestra impotencia e insularidad, nos aferramos a fetichismos y amuletos, que prometen asunciones providenciales y milagros en el pantano de la virtualidad. Los dioses, hoy se pasean en mensajes en cadena y supersticiones pintorescas. No obstante, esos actos de fe pública y religiosidad pueril, el vacío y la frivolidad invaden a la especie y nos condena al hombre unidimensional que vaticinó el pensador de Fráncfort.

Si querer cambiar el mundo con la poesía equivale a intentar descarrilar un tren con los pétalos de una margarita; leerla, es un acto de fructífera inutilidad.

En un momento de primacía estólida para la política y la economía, condenas sempiternas de los hombres, esos seres minúsculos destinados a desvanecerse en el aire como un humo sin nombre; la poesía, expresión fecunda y auténtica de la creación, ha de servirnos para liberarnos de las silenciosas cadenas del consumo. Leer hoy poesía, es atisbar la libertad.

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El inventor de mundos y sus 'Cien años de soledad'

manuel domingo rojas 250El rostro del hombre delata en los pliegues de la piel que hay una vida vivida. No se trata de edad sino de intensidad. La frente ancha hace intuir que se está en presencia de un hombre de pensamiento. El bigote áspero y las cejas espesas hablan de ancestros de tierras y aguas distintas a las de su caribe natal. La boca y sus labios señalan sensualidad y sibaritismo. El mentón, determinación. Los ojos, no sólo inteligencia sino sabiduría, una sabiduría innata recibida genéticamente de estirpes marcadas por la soledad.

Si imagináramos un imposible viaje a las neuronas y los recónditos rincones del cerebro de este hombre, tendríamos que penetrar por sus pupilas tatuadas de fantasías y sueños. Y al navegar a través de los circuitos eléctricos de su masa cerebral, nos encontraríamos con la sorpresa de no encontrar algo que explicara su capacidad de invención para crear mundos nuevos y reinventar lo conocido.
Con razón otro sabio que deslumbró a la humanidad, Albert Einstein, afirmó que sólo la imaginación es superior al conocimiento. Porque tenemos que partir de la premisa que en este mago de la palabra, este prestidigitador de ideas, lo esencial es eso: su imaginación. Una imaginación sin límites que tiene sus raíces en la capacidad de asombro que cultivó en su infancia y jamás lo abandonó. Asombro frente a la cotidianidad, los hechos y las cosas que la mayoría de los seres humanos aceptamos sin descubrir sus aristas de singularidad y portento.

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Sobre Miguel Ángel Asturias y su obra “Hombres de maíz”.

hombres maiz 250Miguel Ángel Asturias (19 de octubre de 1899 en ciudad de Guatemala - 9 de junio de 1974 en Madrid, España) fue un abogado, periodista y escritor guatemalteco, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1967 . Entre sus obras más sobresalientes se encuentran El Señor Presidente y Hombres de Maíz. También se hizo acreedor al Premio Lenin de la Paz en 1965 (Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala, 2004).  Su niñez y juventud discurrieron por los barrios La Parroquia y Candelaria, que evocó en su producción literaria. Sus estudios de bachillerato los hizo en el Instituto Nacional Central y en la Universidad de San Carlos de Guatemala obtuvo el título de Abogado y Notario en 1923, presentando su tesis El Problema del Indio, trabajo que mereció el Premio Gálvez (Haeussler, 1983). Más tarde, el escritor colabora con el diario El Imparcial y luego en la revista Vida. Después, viaja a París, Francia, e ingresa en la Universidad de París y estudia Los Mitos y Religiones de Centroamérica, con especialidad en la cultura maya. En París, junto a otros amigos edita la revista Ensayos. De regreso a Guatemala en 1933 funda el matutino Éxito y el primer radioperiódico original Diario del Aire (Haeussler, 1983). En el período revolucionario de 1944 a 1954 desempeñó varios cargos diplomáticos.  Murió en Madrid el 9 de junio de 1974 pero sus restos reposan en el cementerio de Pere Lachaise, en París. En 1930, Asturias edita en Madrid, España, su libro Leyendas de Guatemala, que de inmediato atrae la atención de los críticos europoes. Pronto es traducido en varios idiomas y señala el inicio de su carrera literaria. El libro está formado por una serie de relatos escritos en un castellano limpio. Toda la obra esta revestida de gracia, fluidez, facilidad para manejar elementos: brujos, terremotos, choques de nubes, lluvias de estrellas e insectos.

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La novela colombiana actual: canon, marketing y periodismo

pablo mntoya 250Pablo Montoya ganó la XIX Edición del Premio Rómulo Gallegos con su novela Tríptico de la Infamia, (2014).

 

 

No es nada temerario afirmar que una buena parte de las novelas colombianas que hoy triunfan en el escenario de las grandes editoriales naufragan en una suerte de frivolidad sentimental, en un espectáculo altisonante de la violencia y en propuestas narrativas que buscan afanosamente su aprobación comercial. Novelas, pues este es el género impuesto en el gusto colectivo, que intentan penetrar en los fenómenos típicamente nacionales a través de inquietudes tal vez válidas, pero resueltas en la escritura de manera ligera, sensacionalista, poco audaz. ¿Qué pasaría si alguien, apoyado en los principios de la exigencia estética y no en los del mutuo elogio o en las presiones venidas de los consorcios editoriales, se dedicara a escribir una recopilación de ensayos críticos sobre las novelas más exitosas de los últimos años? Por encima de las cifras de ventas que ofrecen algunas de ellas (piénsese, por ejemplo, en Rosario Tijeras (1999) de Jorge Franco, en Satanás (2002) de Mario Mendoza, en Angosta (2004) de Héctor Abad Faciolince, en Necrópolis (2009) de Santiago Gamboa, en Tres ataúdes Blancos (2010) de Antonio Ungar, en 35 muertos (2011) de Sergio Alvárez, en El ruido de las cosas al caer (2011) de Juan Gabriel Vásquez y en La luz difícil (2011) de Tomás González), se encontraría con problemas de construcción de personajes, con tramas más audiovisuales que literarias, con triviales atmósferas telenovelescas, con tratamientos narrativos frágiles, con complejidades estructurales exiguas, con adjetivaciones torpes, con el lugar común como si este fuese realmente el héroe de sus historias narradas, con críticas sociales que se empañan con un erotismo ramplón, con influencias literarias manidas y un facilismo evidente para resolver sus intrigas. Hallaría, por supuesto, pasajes que develan un buen oficio narrativo en autores que hoy se declaran, por fin, escritores profesionales en un país que sigue siendo avaro ante esta clase de categoría. Así como Hernando Téllez, a propósito del panorama literario de la primera mitad del siglo XX, que prefería la poesía e ignoraba los otros géneros, decía que en Colombia "hay un montón de versos pero muy pocos poemas".1 Hoy podríamos afirmar que ante el papel glamuroso de la novela hay muchas páginas escritas, sólo pasajes interesantes y no obras logradas.

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