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Ensayo

Ambrose Bierce, el satírico norteamericano

ambrose bierce 250Ambrose Bierce, el autor del logrado cuento “An occurrence at Owl Creek Bridge” (traducido en español como “El puente sobre el rio del Búho” 1), es uno de los más afamados escritores estadunidenses en el estilo de la sátira.
Crítico implacable de Henry James, Jack London, entre otros, a Bierce se le conoció como “biter Bierce” (Bierce, el amargo) y “the devil’s lexicographer” (el lexicógrafo del diablo).
Sobre la prosa de Bierce, el escritor y gran crítico literario Julio Cortázar manifestó que “An occurrence at Owl Creek Bridge” era uno de sus cuentos preferidos (“Algunos aspectos del cuento”, 1962-1963) e incluso debido a ello décadas después se editó Cuentos inolvidables según Cortázar (Alfaguara, 1984) en el que figuran Bierce y el cuento que es material de análisis en este artículo. El despliegue de técnica literaria concerniente a la ruptura del tiempo hace de este cuento memorable, uno de los mejores textos -- sino el mejor-- de Bierce y al mismo tiempo un cuento representativo de la literatura norteamericana.
Asimismo, Bierce tiene otros textos de gran valía, entre ellos: “The Stranger” (El forastero), “Haïta the Shepard “(Haïta el pastor), “The Eyes of the Panther” (Los ojos de la pantera), “The Dead of Halpin Frayser” (La muerte de Halpin Freyser), solamente por mencionar algunos; Bierce creó una producción tan cuantiosa que a Walter Neale (su editor) le tomó cuatro años (1909-1912) poder publicarla en doce volúmenes. Un muestra de la vasta literatura escrita por Bierce puede observarse en The Complete Short Stories of Ambrose Bierce (The University of Nebraska Press, 1984).

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Crónica de una lectura inacabada en clave de 'Pájara pinta'

albalucia angel 251Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón
Albalucía Ángel
Novela

 

Primera lectura: 1981
Tenía 17 años cuando leí Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón de Albalucía Ángel. Seis años antes la novela había sido premiada y publicada, y sometida a una censura vergonzosa. “Pereirana desvilorada gana el premio Vivencias”, fue el titular con el que se inició la arremetida feroz de una crítica vocinglera, tendenciosa, malintencionada y, sobre todo, incapaz. Yo era un adolescente nostálgico e inquieto perdido en las novedades de esta ciudad que aún me resultaba desmesurada y era también, como esos primeros lectores de La pájara, un lector incapaz. Recuerdo mi esfuerzo por superar, párrafo a párrafo, las 325 páginas de la edición de Plaza y Janés. Leía la novela con apatía y a ratos con rabia. Muchas veces dejé el libro en el entrepaño con intención de olvidarlo, pero lo volvía a tomar horas después y persistía, contra mi propia decisión, en su lectura. Me apabullaba mi torpeza de lector: no era capaz de completar el argumento, no lograba discriminar una historia de otra, no podía reconocer las voces, no era capaz de conectar los tiempos, no entendía los referentes, no comprendía nada. Pero algo me hacía avanzar por sobre mi propia incomprensión: reconocía en esos retazos de historias las historias que me contaban en la infancia los viejos del pueblo; revivía en la historia de los Araque y su gesta colonizadora, la historia de mis ancestros y el viaje épico que los llevó a la fundación de Caicedonia; encontraba en la infancia usurpada de Ana mi propio despojo; los estudiantes levantados contra el gobierno de Rojas Pinilla y asesinados por la dictadura eran los estudiantes levantados contra el estatuto de seguridad de Turbay y asesinados por el régimen; los asesinos de Valeria y torturadores de Lorenzo eran los temibles agentes del DAS (Departamento Administraivos de Seguirdad) que seguían torturando y asesinando con absoluta impunidad. Mi persistencia en esa primera lectura, lo entendí luego, se debía a que reconocía en esas historias de La pájara los fragmentos de un país que nos habían heredado las generaciones anteriores, el mismo país que yo habitaba en ese atribulado año de 1981. Aunque mi comprensión de la novela fue pobre en extremo, me reconocí en ella.

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Antonio Machado para el siglo XXI. Poesía y pensamiento (Esbozos).

antonio machado 250Esbozo general del libro que Víctor Fuentes prepara con el título Antonio Machado para el siglo XXI.

 

“Palabra en el tiempo”, es su definición de la poesía, pero mucha de la inmensa crítica estudia sus libros poéticos pasando, bastante por alto, la serie cronológica de sus publicaciones, donde va atrapando al tiempo, con sus cambios en consonancia con los del propio poeta y los del contexto histórico-cultural y socio-político no solo de España, sino de Europa y del mundo occidental en general, con su continua unidad evolutiva, valga la contradicción, tan valorada en su obra. Con frecuencia, se tratan sus primeros poemarios, difíciles de conseguir, no en sí mismos, sino como aparecen englobados, y transformados, en posteriores ediciones o en la última edición de sus, también cambiantes, Poesías completas.
Soledades, de 1903, con Arias tristes de Juan Ramón Jiménez, del mismo año, nos dieron el fruto más granado del simbolismo-modernismo de la poesía española del siglo XX, frente a la del XIX. Los dos libros se sitúan –y como ya se desprende de sus títulos-- en el ámbito cultural del “Mal del siglo” posromántico, de reacción contra el positivismo y materialismo de la sociedad burguesa Estudiándolo en la  literatura europea, bajo el título de Sentimiento de la tristeza en la literatura contemporánea, el hoy olvidado, como su libro, José Deleito y Piñuela, a propósito de los simbolistas escribía: “A la Naturaleza, el Amor y la Muerte, tradicionales temas del lirismo, añaden los simbolistas, uno más; lo inconsciente: y gustan de replegar el espíritu en sus profundidades obscuras, vertiginosas y sombrías” (228). Aunque Deleito y Piñuelas no trata, en su libro, a los literatos españoles, esto es lo que se dio, y hasta el paroxismo, en Soledades, en una época en que Freud publica sus descubrimientos sobre el inconsciente y los sueños: sueño y ensueño, tristeza, y sus derivados, junto a sombra y sombrío son los vocablos que más se repiten en el poemario, el cual, como en Arias Tristes, y junto a sus originales logros poéticos, estaba presente parte de esta actitud que José, Deleito y Piñuela, achacara al simbolismo, pasando por alto su gran valor poético:

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Notas de un Diario pre-póstumo

victor fuentes 01125 de octubre, 2015.

(4 tardes después de una cistoscopia en la vejiga que sigue limpia del tumor canceroso).

 

“En el espejo de un verso de Machado”


Aviva el sexo (perdón) seso y despierta, adormilado Diario y mírame, sin mancharlo mucho, en el espejo de este verso machadiano:

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Hacia la tahona estuosa de César Vallejo

cesar vallejo 250Breve artículo sobre el XVI Capulí, Vallejo y su tierra, una conferencia celebrada en mayo de 2015 en Perú.

 

 

 

El XVI Encuentro Internacional Itinerante, Capulí, Vallejo y su tierra se celebró en Perú del 19 al 24 de mayo de este año. Después de la primera jornada en la casona de la Universidad de San Marcos en Lima, que incluyó la inauguración del evento en la Capilla de la Virgen de Loreto por parte de los doctores Danilo Sánchez Lihón, Mara L. García y Bernardino Ramírez Bautista, una sesión de lectura literaria y otra de trabajos académicos y críticos, nos desplazamos hacia Trujillo, Huamachuco y Santiago de Chuco, ciudad natal de César Vallejo.
Si bien este camino de Santiago de Chuco se inició en Lima y otras ciudades de Perú, para muchos comenzó en Andorra, Hungría, México, Inglaterra, Colombia, Brasil, España, Francia, Estados Unidos, Argentina, Escocia, Venezuela, Uruguay y Chile. En el Centro de Estudios Vallejianos de la Universidad Nacional de Trujillo hubo una ceremonia de bienvenida y distinciones. Al final el poeta Andrés Echevarría le entregó al Dr. César Alva Lescano, Presidente del Centro, un ejemplar de su edición fascimilar de Cartas de César Vallejo a Pablo Abril de Vivero, publicada por la Biblioteca Nacional de Uruguay. Los actos académicos en la universidad estuvieron acompañados por una feria del libro junto al paraninfo, en la que por fin pude hacerme a un ejemplar en español de César Vallejo Una biografía literaria de Stephen Hart. De la universidad fuimos al antiguo hotel “El Arco”, donde Vallejo vivió y escribió Los heraldos negros, después al colegio Nacional San Juan, donde entre sus alumnos del primer año de primaria tuvo a Ciro Alegría.

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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