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Ensayo

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha: ¿teatro o vesania?

ian irachetaEl ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, escrito por Miguel de Cervantes Saavedra, es una novela avant la lettre que simplemente no pudo haber sida escrita en otro tiempo. Esto se debe a que ella recoge su materia de la literatura leída en la época, es decir, las novelas de caballerías, a las cuales parodia. En El Quijote, Alonso Quijano, el personaje principal, decide armarse caballero andante y salir en busca de aventuras. Parece paradójico entonces que, tras seguir y respetar los ideales caballerescos por incontables páginas, éste muera después de haber “abominado con muchas y eficaces razones los libros de caballerías.” (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, II, LXXIV, 562) Esto verdaderamente se presenta como un non sequitur; en especial cuando consideramos que él permite que estos mismos ideales caballerescos sean los instrumentos de su destrucción: don Quijote es vencido por el Caballero de la Blanca Luna y es el mismo código caballeresco que lo obliga a regresar a la Mancha donde muere, presumiblemente, de melancolía. Pudo haber roto su palabra en cualquier momento y continuado con su “malandante caballería”. Sin embargo, sólo aborrece sus libros cuando esta acción no puede cambiar el curso de los hechos. En este ensayo utilizaré el topos del theatrum mundi como una posible explicación para el problema.

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La escritura, el dolor y la fiesta

alejo lópez 250Inédito

 

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No sabría explicarlo a satisfacción. Dedico mis días al infatigable sortilegio de interpretar las letras que otros han escrito y al extravagante oficio de trazar las mías propias. Sospecho que en el primer asunto es inevitable incurrir en frecuentes tergiversaciones y que, en el segundo, resulta casi imposible juntar dos palabras con acierto y armonía. Y sin embargo ―a vicio de insistir―, me corren ya tantos años en estas inquisiciones que han terminado convirtiéndose en mi destino. Soy muy consciente de lo que significa haber crecido entre libros, en una casa donde siempre se honró la literatura; pero esta mezcla de alborozo y de recóndito martirio que me produce el ejercicio de las letras tiene para mí el valor de una inclinación misteriosa. ¿Por qué me duele tanto esto que al mismo tiempo me gratifica y me embriaga? Quizá ni debería planteármelo y seguramente jamás llegaré a comprenderlo. Sé que ha habido autores declaradamente felices con su vocación, de modo que se permitieron agudezas contra “las agonías de la creación” ―así lo hizo E. M. Forster―. Hay otros que fueron verdaderos ascetas de la escritura y que pregonaron su padecimiento tanto como les fue posible ―ése es el caso del gran Flaubert―. Desde luego, jamás podría alinearme en ninguno de estos bandos, junto a escritores tan admirables. Ambos signos me atraviesan.
Dicho esto, no descarto la opción de proseguir hacia una afirmación categórica. La cualidad primera de una obra literaria es la sinceridad. No hay pericia técnica ni destreza estructural capaz de redimir un embuste de su infame condición. Todo lo contrario: cuanto más se insista en encubrirlo, más evidente será un truco; cuanto más se procure maquillarlo, más chapucero se hará el artificio. A lo largo de los siglos, la literatura ha estado ligada a la revelación, a la iluminación de las más profundas regiones del alma; allí radica su trasfondo místico, allí su perdurabilidad. Y dado que hay aspectos de la naturaleza humana que sólo pueden inquirirse literariamente, resulta imperativo para el escritor adentrarse en esos abismos, tener el coraje de honrar su propio talento apelando a toda su capacidad para ser sincero. Los demás caminos tienen apenas el valor de lo accesorio, de lo anecdótico. Sabemos que nuestro tiempo, sin embargo, ha convertido la tergiversación en su distintivo primordial; por esta ruta ha hecho del éxito, precisamente, el mayor de sus fetiches. De esta suerte, poco importa ya que una obra sea reveladora; basta con que tenga la capacidad de entretener, de recrear masivamente. Con el autor pasa otro tanto: lo fundamental ahora es que sea públicamente un escritor. Aunque no escriba.

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La autobiografía de Rubén Darío como antecedente de las literaturas del yo en hispanoamérica

ruben radio 250En los últimos decenios el género memorialístico ha cobrado auge y prestigio con la aparición de textos autobiográficos de escritores tan notorios como Vargas Llosa, El pez en el agua (1993), Alfredo Bryce Echenique, Permiso para vivir (Antimemorias) (1993) y Permiso para sentir (Antimemorias II)(2005), José Donoso, Conjeturas sobre la memoria de mi tribu (1996), o Gabriel García Márquez, Vivir para contarla (2002), por nombrar solo algunos. Pues bien, en lo que sigue la intención es proponer que Rubén Darío, además de ser el fundador de un nuevo lenguaje poético en castellano, abre una veta en la escritura autobiográfica contemporánea en las letras hispanas. En concreto, la cuestión que esta contribución pretende perseguir es la autorrepresentación del autor en relación con el poder estatal. Para este fin se incluirá alguna referencia a La ciudad letrada de Ángel Rama y a Teoría de la vanguardia de Peter Bürger.

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¿Poemas para lerdos?

jose prats 095No hay otra senda.
Me resigno a pisar
las hojas secas.
Wasajo

 

 

Quizás el signo más visible para identificar la calidad de un poema sea la sugerencia. Entre los mejores ejemplos de la literatura mundial de cualquier época se hallan los haikus. El refinado arte japonés (3 versos de 5, 7 y 5 sílabas) casi puede considerarse un paradigma de cómo tratar las semillas para que florezcan.
El de Wasajo que reproduje como epígrafe ejemplifica el difícil encerrar para que el lector suelte, expanda. Apenas son once palabras, con las licencias poéticas suman 17 sílabas. De ellas sólo dos son sustantivos: senda y hojas, aunque el infinitivo –pisar— funciona también en calidad de nombre, sin perder su carácter verbal, junto a las dos formas conjugadas: hay y resigno. Si restamos la preposición y el artículo sólo queda un adjetivo –secas—y el pronombre: me. Supongo que el original en japonés exhiba un laconismo aún más intenso... Lo cierto es que el autor –bajo el respeto de suponerle al lector por lo menos su misma inteligencia y sensibilidad-- no necesitó nada más para estructurar su haz de sugerencias.

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Poetas a dos por medio - Terrible inundación de poetas cubanos

jose prats sariol 57 250Un reconocido blog cubano reproduce dos “poemas” (sic). ¿Qué pasa con la poesía cubana? ¿Por qué hemos perdido la capacidad de separar las “explosiones biográficas” de los caminos de la poesía?
Cinco centavos era dinero, pero poquito. Hoy la frase ha desaparecido: nada está a dos por cinco centavos del gaseoso peso cubano, salvo los poetas en los blogs. Una patada y debajo del sitio web brotan cuatro, en ocasiones hasta siete.
Borges previó la inundación, aunque la bufonada era de André Gide: “¿Qué hacer por los poetas jóvenes?” “¡Disuadirlos!” ─ contestó.
También se cuenta que uno de ellos le entregó su cuaderno. Borges le preguntó el título. “Con la patria adentro”.
“¡Qué incómodo!” ─ respondió acongojado.
Dentro y fuera de Cuba, con o sin la patria adentro, hay una epidemia de “voces”, en cualquier género literario. La Academia tampoco se salva del torrente. Tampoco se libró de la lengua luciferina de Borges: “¿Cultura universitaria? Oxímoron”.
El oxímoron ─ la “combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido” ─ cae como un silencio sonoro en el ciberespacio, aunque también sobre papel, lo mismo en Miami que en Holguín, en Pinar del Río que en Madrid o Ciudad de México.
Esta semana de noviembre he recibido invitaciones “poéticas” (sic) en cinco blogs, cuatro correos y una revista de abolengo. Juro que salvo un poema, el resto son homenajes a las agudezas de Borges. Y el legible, por cierto, no en la revista Unión.
En el blog que motiva estas líneas se reproducen dos textos ─ imposible llamarles poemas ─ de una “escritora” que como por arte de trivialidad, ornada de cierta aura comercial, ha alcanzado que su nombre suene.

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Los amigos invisibles - próxima publicación

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