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Ensayo

Bolívar, el mestizo universal

bolivar 250INTRODUCCIÓN

 

El filósofo y filólogo francés Ernest Renan nos advirtió que una nación debe saber recordar si quiere existir. Renan pronunció una histórica conferencia el 11 de marzo de 1882 en la Sorbona que quiero citar parcialmente para enmarcar este ejercicio en lo que él, Renan, llamara “la reinvención cotidiana de la nación”, y en esa oportunidad afirmó:

“Una nación es alma, un principio espiritual. Dos cosas que no forman sino una, a decir verdad, constituyen esta alma, este principio espiritual. Una está en el pasado, la otra en el presente. Una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; la otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa. El hombre, señores, no se improvisa. La nación, como el individuo, es el resultado de un largo proceso de esfuerzos, de sacrificios y de desvelos. El culto a los antepasados es, entre todos, el más legítimo; los antepasados nos han hecho lo que somos. Un pasado heroico, grandes hombres, la gloria (se entiende la verdadera), he ahí el capital social sobre el cual se asienta una idea nacional. Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente, haber hecho grandes cosas juntos, querer seguir haciéndolas aún, he ahí las condiciones esenciales para ser un pueblo. Se ama en proporción a los sacrificios que se han consentido, a los males que se han sufrido. Se ama la casa que se ha construido y que se traslada. El canto espartano: ‘Somos lo que ustedes fueron, somos los que son’, es en su simplicidad el himno abreviado de toda patria…

Con ese propósito de saber recordar, es un imperativo volver sobre Simón Bolívar, el artífice de la independencia de nuestros pueblos, de la Hispanoamérica que el soñó unida.

Bolivar massur 300Difícil tarea la de tratar de abarcar la parábola vital de nuestro Libertador. Una vida compleja, llena de contradicciones y de dificultades, llena de sueños y de acción.

De esa personalidad tan compleja se han ocupado los historiadores para ofrecernos sus diferentes visiones que van desde quienes lo mitifican hasta quienes lo denigran.

Se ha calculado por la UNESCO que, aproximadamente, el número de libros y folletos escritos en español y portugués, cuyo personaje central es Bolívar, no es inferior a 2.000 títulos. A éstos hay que agregar la producción bibliográfica –menos abundante pero no de menor importancia- en otros idiomas como el francés, inglés, ruso, chino, alemán, italiano, sueco y rumano. En cuanto a la bibliografía directa de Bolívar, las obras publicadas por él mismo, y las dedicadas a la compilación sistemática de sus escritos, junto con las colecciones documentales, las antologías y las ediciones monográficas de sus textos exceden los 200 títulos.

Entre los biógrafos de Bolívar podemos destacar a Francisco Encina, Salvador de Madariaga, Indalecio Liévano Aguirre, Josef Lavrestki, Augusto Mijares, John Lynch, Gerhard Masur, Jacinto Pérez Arcay. Y en cuanto a obras dedicadas al estudio de algún aspecto de Bolívar, “Estudios sobre la vida de Bolívar” de José Rafael Sañudo; “Bolívar: Leyenda y Realidad” de I. R. Lavrétsky; “Simón Bolívar” por Carlos Marx; “Simón Bolívar” por José Martí “; “Bolívar, Perspectiva Sicoanalítica” de Mauro Torres; “Bolívar, católico y defensor de la iglesia”, de Humberto Bronx; “Bolívar: Pensamiento Precursor del Antimperalismo”, de Francisco Pividal; “Mi Simón Bolívar” de Fernando González; “Marx y el mundo colonial. El escrito sobre Bolívar” de Adolfo Atehortúa Cruz; “Bolívar, el hombre de la gloria” de Germán Arciniegas; “Bolívar, Acción y utopía del hombre de las dificultades” de Miguel Acosta Saignes; la obra literaria “El General en su Laberinto” de Gabriel García Márquez; y, recientemente, “En busca de Bolívar” de Wiliam Ospina.

Fernando González, el filósofo de Envigado, el hombre de Otra Parte, el Padre del Nadaísmo en Colombia como lo llamara su creador Gonzalo Arango, fue un Bolivariano a ultranza que escribió un libro, “Mi Simón Bolívar” y sostuvo que El Libertador aplicó la que él, Fernando González, denomina “ley de la acción”:

  1. Saber lo que se desea
  2. Desearlo como al aire el que se ahoga, y
  3. Pagar el precio (1)

Por eso sostenemos que Simón Bolívar si bien fue un soñador, fue, fundamentalmente, un hombre de acción. Se recorrió estas tierras a lomo de mula y caballo, lo que le valió el apodo de “culo de hierro”.

En nuestra opinión las obras esenciales de El Libertador son el Manifiesto de Cartagena, la Carta de Jamaica y el Discurso de Angostura.

bolivar lavretskiLa Constitución Boliviana ha sido objeto de controversia porque, según algunos, entre ellos Gerhard Masur, se contemplaron medios y conceptos contradictorios e inapropiados y por eso afirma: “En una palabra: La Constitución Boliviana es uno de los más grandes dislates de bolívar” (2). Pero, por otra parte, Eugenio María de Hostos, uno de los grandes tratadistas de Derecho Público de Hispanoamérica, citado por Indalecio Liévano Aguirre en su biografía de Bolívar, nos dice: “Bolívar, a quien, para ser más brillante que todos los hombres de espada antiguos y modernos, sólo faltó escenario más conocido y a quien, para ser un organizador, sólo faltó una sociedad más coherente, concibió una noción del poder público más completa y más exacta que todas las practicadas por los anglosajones de ambos mundos o propuestas por tratadistas latinos y germanos. En su acariciado proyecto de la Constitución para Bolivia dividió el poder en cuatro ramas: las tres ya reconocidas por el derecho público, y la electoral. En realidad fue el único que completó a Montesquieu, pues agregó a lo noción del filósofo político lo que le faltaba”.(3)

La Carta de Jamaica, en nuestra opinión, constituye la hoja de ruta de la concepción política de Bolívar. En ella está contenido todo su bagaje ideológico y su accionar político. Es decir, el Libertador sabía con toda claridad lo que deseaba.

Y lo deseó como al aire el que se ahoga, es decir, casi que agónicamente. Recordémosle en Pativilca, enfermo, flaco y afiebrado, con sus ejércitos en derrota, y a la pregunta de qué hacer, se incorpora de su hamaca y responde con los ojos brillantes por la fiebre y el delirio: Triunfar. Y en efecto, a continuación derrota en Junín al ejército español.

Y pagó el precio, cuando desilusionado de todo y de todos, incomprendido, muere en Santa Marta, clamando por la unidad de nuestros pueblos.

Deliberadamente nos vamos a abstener de profundizar en aspectos como el análisis de los documentos de Bolívar, sus batallas, sus yerros, las traiciones sufridas, aspectos todos ellos fascinante; para privilegiar el intentar dar respuesta al interrogante de cómo se logró la metamorfosis de un señorito de la aristocracia criolla, partícipe de la vida mundana de la corte madrileña en un revolucionario comprometido, hasta los tuétanos y la muerte, con la libertad de un continente.

Y, en otro aparte, el Bolívar mestizo universal, título de este trabajo, porque tal condición ofrece connotaciones especiales que cobran vigencia en los actuales momentos en que, con los cambios de paradigmas y los choques de culturas que se están dando en el mundo, parece avizorarse una especie de nuevo renacimiento en el que los llamados pueblos de color tienen la palabra. Y nos preguntamos si el genio de Bolívar de alguna manera constituyó un anticipo de esta oportunidad histórica que hoy se nos ofrece.

En cuanto al propósito de arrojar luces sobre ese proceso de inspiración y de pasión de Bolívar con la independencia y libertad de nuestro continente, no hemos hallado mejor método que, en un testimonio imaginado, darle la palabra al propio Libertador.

 

EL TESTIMONIO IMAGINADO DE BOLÍVAR

bolivar lynch 300“Nací en Caracas, bautizado como Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, en el seno de una familia venida de las tierras de Vizcaya, concretamente de la población de Santo Tomás de Bolíbar, así, con b labial, a cuarenta kilómetros de Bilbao. La palabra Bolíbar, de bol, molino, e ibar, pradera; en vascuence, pradera de molino. El primer Bolívar que vino a Venezuela cambió la b labial por v. Nuestros ancestros pertenecieron a una estirpe de labradores que en sus casas, toscamente amuralladas, defendían con celo su independencia de la autoridad de la realeza castellana que propendía por una España Imperial. De allí que yo haya afirmado, y hoy lo reafirmo, que nuestra familia se ha demostrada digna de pertenecernos, y su sangre se ha vengado por uno de sus miembros. Yo he tenido esa fortuna. Yo he recogido el fruto de todos los servicios de mis compatriotas, parientes y amigos. Yo los he representado a presencia de los hombres y yo los representaré a presencia de la posteridad. En Vizcaya, en el siglo XIII, mi familia comienza una lucha que ha de tener su desenlace final, siglos después, en estas tierras americanas, en cumplimiento de un sueño al que entregué mi vida. Si bien en España las fuerzas castellanas sometieron a los feudatarios rebeldes de Vizcaya, algunos de ellos buscamos refugio en las soledades de estas tierras para nuestro espíritu independiente y rebelde.

“En estas tierras no se puede hablar de pureza de sangre. Soy y me siento mestizo. Por eso afirmé en la Carta de Jamaica que no somos indios ni europeos. Somos americanos.

“Mi infancia y mi vida toda están marcadas por el abandono y la orfandad como un hierro candente que deja su impronta para siempre.

“Don Juan Vicente Bolívar y Ponte, mi padre, murió el 19 de enero de 1786, a los sesenta años cuando yo tenía dos años y medio de edad. Y mi madre, María Concepción Palacios Blanco, murió el 6 de julio de 1792, a los treinta cuatro años, cuando yo tenía nueve años. Se habían casado él de cuarenta y siete años y ella de quince.

“Desde mi nacimiento, fui entregado a manos extrañas, Primero, a Inés Mancebo de Miyares, de noble familia cubana, amiga de mi madre, a quien le solicitó me amamantara en mis primeros meses de vida, dadas las circunstancia de que mi madre estaba imposibilitada para hacerlo por razones de salud y que Doña Inés acababa de tener un hijo. Luego, la negra Hipólita, a la que siempre consideré una madre. Y Josefa, la hermana menor de mi madre, nueve años mayor que yo, que con sus cuidados y afecto, vino a ser la cuarta mujer que asumió papel de madre para mí. Posteriormente, muerto mi padre y enferma mi madre, ella me entrega en custodia a don Miguel José Sanz, un hombre autoritario y hosco, que avivó con su tratamiento impositivo mi rebeldía innata.

“Luego, el tío Feliciano Palacio, en su calidad de mi tutor, se impuso la tarea de mi educación y es cuando aparece en mi vida quien llegaría a constituirse en mi mayor influencia formativa: Simón Carreño Rodríguez, o Simón Rodríguez, o Samuel Robinson, como se hizo llamar en Jamaica en 1797, o Simón Robinson como se llamaría en Viena muchos años después.

“Con Simón Rodríguez, como prefiero llamarlo, doce años mayor que yo, inicié mi formación en la Hacienda San Mateo de propiedad de mi familia, en contacto con la naturaleza para aprender con ella, el color y el trino de los pájaros, los nombres de ciudades lejanas, las epopeyas de otros pueblos y las diferentes expresiones de la vida, en aplicación del método educativo que el ginebrino Juan Jacobo Rousseau planteara en su obra “Emilio”, del cual mi maestro era ferviente seguidor.

“Con razón se ha dicho que un hombre que se cree hecho sólo por sí y a sí mismo, en realidad es un hombre que no sabe a quién se debe. Yo sí sé a quién me debo. Soy consciente del papel e influencia que han tenido en mí cada hombre y mujer que se han cruzado decisivamente en mi vida. Y por ello tengo clara la influencia de Simón Rodríguez.

“Fue precisamente él, quien, frente al emblema familiar, me habló, por primera vez, del molino de viento que aparece en el escudo familiar y que el apellido Bolívar significa “Pradera del Molino” y de las luchas de mis antepasados en una querella contra el autoritarismo que tres siglos después, sin presentirlo en ese momento, me correspondería a mí concluir.

“Mi maestro, con sólo catorce años, viajó a Europa y recibió las ideas de la Ilustración que más tarde fructificarían en la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica y en la Revolución Francesa.

“Y fue él, Rodríguez, quien me habló de Tupac Amaru, nombre con el que pasó a la historia el inca José Gabriel Condorcanqui, promotor de un levantamiento fracasado contra la corona española que pagó con el apresamiento y la muerte no sólo suya sino de su mujer y sus compañeros de lucha, mediante sentencia del 17 de mayo de 1781.

bolivar mijares“El documento que registra la sentencia me fui leído por mi preceptor y esa lectura me impactó espiritualmente porque, por primera vez, experimenté la oscura cara del poder y de la tiranía. Me conmovió hasta las fibras más íntimas. A partir de allí ya nada fue igual para mí. De ello no tuve clara conciencia en ese momento sino años más tarde. En ese momento comenzó a forjarse en mi alma el compromiso de mi lucha. Por eso, estimo indispensable destacarlo. Este episodio como las enseñanzas de mi maestro permearon mi psique para quedar en una especie de estado de hibernación y en el momento justo cobrar vida.

“En 1797 se descubre en Caracas una conspiración contra el gobierno en la cual aparece comprometido mi preceptor y debido a ello se ve obligado a huir al exterior. Tengo 15 años a la sazón y, a pesar de no tener completa claridad política sobre lo ocurrido, siento solidaridad con el fugitivo.

“La vida sigue su curso. Andrés Bello entra en mi vida para complementar mi educación pero con él no logro tener empatía alguna.

“Luego viene mi paso por el ejército, mi viaje a Europa, mi matrimonio con María Teresa y mi viudez. Y de nuevo ese sentimiento de orfandad y de abandono.

“Mucho tiempo después, a Perú de Lacroix le manifesté que la muerte de mi esposa me arrojó a la política y que si no fuera por esa circunstancia tal vez mi vida hubiera sido otra.

“Estuve en Notre-Dame en la Coronación de Napoleón.

“Yo adoraba a Napoleón como el héroe de la República, como al genio de la libertad. En el pasado yo no había conocido nada que se le igualase, ni prometía el porvenir producir un semejante. Se hizo emperador y desde aquel día le miré como un tirano hipócrita, oprobio de la libertad y obstáculo al progreso de la civilización. Me imaginaba verle oponiéndose con éxito a los generosos impulsos del género humano, que se adelanta hacia su felicidad, y derribando la columna sobre la que estaba colocada la libertad que no volvería a levantarse. Desde entonces no pude reconciliarme con él; su gloria misma me parecía un resplandor del infierno, las lúgubres llamas de un volcán destructor cerniéndose sobre la prisión del mundo. Miraba sorprendido a Francia, cambiando por una corona el gorro de la libertad.

“La corona que se puso Napoleón sobre la cabeza la miré como cosa miserable y de moda gótica. Lo que me pareció grande fue la aclamación universal y el interés que despertaba su persona.

“En París aún resonaba los vítores al nuevo emperador, cuando llegó a la Ciudad Luz un sabio, Humboldt, que acompañado de su colaborador Bompland, regresaban de un viaje de cinco años por el Nuevo Mundo. Los viajeros llegaban cargados de piezas de valor arqueológico, de plantas y de información para, ante los asombrados europeos, armar y mostrar toda la potencialidad de América.

“Pero lo que más me llamó la atención fue la apreciación de Humboldt que para desarrollar esas potencias la América Española debía independizarse del yugo español para lo cual estaba madura pero que no veía los hombres que pudieran liderar tan magna empresa.

“Por eso afirmo que Humboldt me descubrió América.

“Es entonces cuando llamado por mí aparece de nuevo Simón Rodríguez a quien localicé en Viena, donde se hacía llamar Simón Robinson, y juntos emprendemos un viaje a pie a Italia con Rousseau siempre presente en nuestras charlas, viaje en el que Rodríguez, además de mostrarme nuevos mundos y paisajes, insistía en refrescar en mi memoria las ideas progresistas de democracia y derechos humanos de que me hablara cuando todavía era yo un adolescente.

“En Milán presenciamos la coronación de Napoleón como rey de los romanos.

“Cuando llegamos a Roma logré una audiencia con el Papa y ataviado con mi uniforme del ejército español, entré en la Sala de Audiencias del Vaticano en compañía del Embajador de España. Nos recibe un sonriente Pío VII. El embajador español se inclina y besa las sandalias del Papa. Instintivamente yo me niego a hacerlo y el embajador me “lo reprocha, pero Pío VII, sin dejar de sonreír, sortea la embarazosa situación:

“-Dejad al joven indiano hacer lo que le plazca

“En ese momento afloraron en mí los principios liberales de mi educación a temprana edad y el anticlericalismo de mi preceptor.

“De ese viaje a Roma, tengo necesariamente que referirme al episodio del Monte Sacro. Estaba con Simón Rodríguez y allí juré libertar a mi patria. Y mi patria siempre fue América. Independiente de las versiones que después se han dado de ese juramente, ese día, como se lo recordé a mi maestro en carta escrita veinte años después, fue el día en que mi alma profética anticipó la esperanza que no nos atrevíamos aún a expresar. E hice una solemne promesa que cumplí, como cumplí la de no volverme a casar.

“Entonces me sentí inspirado para la magna empresa. Ese fue el momento en que empezó todo. Mi único amor siempre ha sido el de la patria; mi única ambición su libertad. Los que me atribuyen otra cosa no me conocen ni me han conocido nunca.

“Por eso, me resistí a las invitaciones que me hicieran aquellos como Páez a convertirme en “el Napoleón de Suramérica” y estuve de acuerdo con mi hermana María Antonia de considerar como una infamia la propuesta de una corona. Me aferré al título de Libertador, que es el que me llena orgullo. Cualquier otro sería la negación de toda la lucha a la que consagré mi vida. Libertador o nada."

 

EL MESTIZO UNIVERSAL

bolivar madarriaga 300Compleja y extraordinaria la personalidad de Simón Bolívar. El soñador, escritor y poeta; el del Monte Sacro, el del delirio sobre el Chimborazo, la Carta de Jamaica y las cartas de amor; y, quien, como un nuevo Colón, inventó una nueva Patria, un nuevo continente, un nuevo mundo, que él liberó y concibió las bases de su nuevo orden. El Revolucionario, el de la liberación de los esclavos, el de la lucha contra un imperio y un sistema de expoliación y sometimiento, el del Decreto de Guerra a Muerte. El político, que cuando tuvo conciencia de las dudas y las vacilaciones de los criollos con la causa independentista, acudió con éxito a las clases populares para fortalecer su lucha; que usó un discurso para las potencias del momento, que difería de su lenguaje interno, a fin de evitar la intervención de la Santa Alianza y obtener el beneplácito del Imperio Británico con su flota, su comercio y su capital; y el de la entrevista con San Martín en Guayaquil. El Estadista del discurso de Angostura. El Internacionalista que convocó en 1826 el Congreso de Panamá y dio iniciación a su Panamericanismo, el de la Liga de Naciones, con su pensamiento precursor del antimperialismo como lo señala Francisco Pividal en su obra (4). El Bolívar de la Leyenda y el Mito. Y el Bolívar real, el humano, el de las dificultades y las decisiones difíciles, el Bolívar del terremoto de Caracas el Jueves Santo 26 de marzo de 1811: “Si la naturaleza se opone a nosotros, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, el de la entrega de Miranda y el fusilamiento de Padilla y de Piar, el de los encuentros y desencuentros con Santander, “Marche usted inmediatamente; no hay alternativa, marcha usted o usted me fusila o lo fusilo yo”, en 1813, cuando la Campaña Admirable para seguir hacia Venezuela. El Bolívar, víctima de la incomprensión y de la distorsión de sus ideas, el de la conspiración septembrina y del ataque de Benjamín Constant en el “Correo Francés” el 1º. de enero de 1829 en el cual lo calificó de “usurpador” y años más tarde la distorsión por parte de Carlos Marx en el estudio que se le encargara para la nueva enciclopedia británica el cual llevó a cabo sin profundizar en la realidad de la Hispanoamérica de la época, con criterio mercantil y superficial, con fundamento en fuentes antiliberales y sesgadas, que tantas condenas y críticas le acarrearían. El Bolívar de un sentimiento de orfandad que no le abandonaría nunca. Y el Bolívar amante y admirador de las mujeres, en las cuales siempre buscó y encontró amor, refugio y protección. Desde su única esposa, María Teresa Rodríguez y Alaiza, de quien enviudó a los pocos meses de casados; su prima Fanny de Villars, quien lo consoló en su reciente viudez y con quien mantendría afectuosa relación hasta su muere; la joven y bella Anita Lenoit, a quien descubrió en el pueblito de Salamina, cercano a Tenerife, y a quien, a pesar de haber sido un amor de paso, jamás olvidó; la momposina de una noche, Rebeca, de la que jamás supo el apellido; la sensual morena Josefina Machado, a quien Bolívar, con su ojo alerta de pescador caribe, dispuesto a descubrir donde saltaba el milagro de la belleza, la identificó entre las doce jóvenes que le coronaron de laurel a su entrada victorioso a Caracas el 4 de agosto de 1813; la criolla dominicana de ojos verdes, Julia Corbier, con quien compartió tristezas en Jamaica en 1815; y, por fin, Manuela, Manuelita Saenz, su “amable loca”, la “libertadora del libertador” cuando, el 16 de junio de 1822, los astros se alinean para que estos dos seres se encuentren para vivir la gran aventura amorosa y pasional de sus vidas. Después de Manuela vendrían amores de ocasión para un hombre que concebía la fidelidad amorosa sin fundamentalismo. De ello dan cuenta, entre otras, sus relaciones con otra Manuelita, Manuela Madroño, y Francisca Zubiaga de Gamarra, llamada La Coronela, ambas en Perú, la una en el Valle de Huaylas y la otra en Cuzco. Pero Manuela se aferró a él y defendió su relación con uñas y dientes para toda la vida.

Pero en el análisis de esa compleja y extraordinaria personalidad hay que tener en cuenta que Simón Bolívar logró una identificación plena con estas tierras y sus gentes. Por eso logró interpretarlas y encarnarlas en sus anhelos y esperanzas. Y por eso logró libertar cinco naciones del yugo español. Con la batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, selló la independencia de la hoy Colombia; con la de Carabobo, el 24 de junio de 1821 la de Venezuela; con la de Pichincha, el 24 de mayo de 1822, la de la hoy República del Ecuador y con las de Junín, el 6 de agosto y de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824, las del hoy Perú y Bolivia. Con razón Neruda dijo que en este mundo americano Bolívar está en la tierra, en el agua y en el aire y que Bolívar es uno de los nombres del continente, como nos lo recuerda William Ospina.

bolivar encina 300Aun hoy, en pleno siglo XXI, nosotros sabemos más de los llamados países desarrollados que ellos de nosotros. En los siglos XV, XVI, XVII y XVIII, el conocimiento en Europa sobre estos pueblos no sólo era precario sino también distorsionado por los relatos fantásticos de los asombrados europeos ante una realidad desmesurada y por el prejuicio de los conquistadores de creerse parte de una civilización avanzada que se nos trató de imponer desestimando los valores de los pueblos conquistados que ostentaban civilizaciones como la de los Incas, los Mayas y los Aztecas.

Ese choque cultural que se dio con ocasión del descubrimiento de América, de alguna manera nos incita a la reflexión sobre el choque de culturas que hoy vive la humanidad.

En aquel momento la Europa “civilizada” tenía una pobre imagen de estas tierras americanas y de sus pobladores a quienes consideraban seres inferiores y salvajes. Juan Ginés de Sepúlveda bautizó al americano como “humúnculo”, sujeto menos que hombre, (5) denominación que se le atribuye a Paracelso para un diminuto ser de su creación mediante las artes de la alquimia.

Nuestra cultura es, y nosotros mismos somos, el resultado, de la mezcla, en principio, del blanco europeo, el indio nativo de estas tierras y el negro africano al cual se le agregaron después, como en el juego infantil de “crezca la pila”, chinos, árabes y pueblos de todos los rincones del planeta. Esto se aplica a América Latina, pero fue especialmente aquí en el Caribe, donde de esa conjunción de razas y culturas surgió el “Ser Caribe”, que no constituye una referencia geográfica sino un estado de alma. Un estado de alma que por su propia esencia excluye la intolerancia y la discriminación. Somos el mestizaje. Somos la síntesis de lo que se han llamado “razas” pero que, con diferencias de pigmentación y rasgos faciales, somos parte de una sola y única raza: la humana. Crisol de razas, han dicho algunos. Somos todos somos uno. Somos únicos. En el ombligo del mundo, en donde todos nos hemos dado cita para fundirnos en un solo haz y constituir la semilla del Hombre Nuevo. El Hombre Universal. Cuando hablamos de Bolívar el mestizo, tal adjetivo trasciende la estricta mezcla racial, aun cuando algunos, en los límites imprecisos de la historia y la leyenda, han hablado de una bisabuela suya, Ana María de Martínez Villegas y Ladrón de Guevara, descendiente de un cacique indio; y de su abuela Petronila Ponte y Marín, hija de una mulata. No. Hacemos referencia a ese diálogo cultural que se ha dado en nuestra América y que, en un proceso de sincretismo, ha hecho posible la cocina “creole” de Nueva Orleans, con influencia francesa, africana, española e incluso italiana. Y en el Perú, la Chaufa con influencia china y la Nikkei con influencia japonesa. Las expresiones religiosas como el candomblé brasilero, el vudú haitiano y la santería de Cuba y Venezuela. Esa gran cocina cultural que es Nueva York, o esa aceptación de la diversidad que es San Francisco. Ese es el mestizaje que hizo grande a los Estados Unidos de Norte América, y conste que ya no estamos hablando de la cuenca geográfica del Caribe, ni siquiera del Gran Caribe.

bolivar ospina 300Ese es el mestizaje que encarnó Bolívar, quien soñó en grande, como nunca en estas tierras se había soñado, con conciencia no sólo continental sino planetaria.

En nuestros tiempos, otro digno representante de ese mestizaje ha asombrado al mundo con su prosa mágica, alcanzó el nobel de literatura y pidió para estos pueblos una segunda oportunidad sobre la tierra. Pero esa es otra historia. ¿O tal vez la misma historia?

Recientemente, Wiliam Ospina escribió:

“Bastó que muriera para que todos los odios se convirtieran en veneración, todas las calumnias en plegarias, todos sus hechos en leyenda. Muerto, ya no era un hombre sino un símbolo” (6).

Y el alemán Gerhard Masur, con palabras que hacemos nuestras, afirmó:

“Bolívar se me aparece como una de las principales figuras del siglo XIX y como una de las personalidades más grandes de todos los tiempos. Hay ciertos principios por los que vivió y en los que yo también creo: que la libertad es un valor en sí misma; que es mejor morir por la libertad que vivir en la esclavitud; que la organización de la libertad tiene su expresión política en la democracia, pero que la democracia debe hallar el equilibrio entre las exigencias de la libertad y las de la estabilidad y la eficacia, o se producirá la anarquía; que los problemas internacionales deben encontrar su solución en una liga de pueblos libres que resista la agresión con la fuerza de las armas y dirima las controversias entre sus miembros a través de un tribunal de justicia. Esta es la esencia del credo político de Bolívar. Su significado para nuestra época parece evidente”.

La BBC de Londres escogió a Bolívar como el americano más prominente del siglo XIX y uno de los más importantes de la historia y entre las razones que tuvo para hacerlo argumentó que con sólo 47 años de edad liberó cinco naciones de las cuales fue Jefe de Estado; cabalgó una distancia lineal de más 6.500 kilómetros, más de lo navegado por Colón y Vasco de Gama juntos y que es aproximadamente media vuelta a la tierra; recorrió diez veces más que Aníbal, tres veces más que Napoleón y el doble de Alejandro Magno; y, lo más importante, los ejércitos que comandó sólo liberaron, nunca conquistaron.

Hoy, en reconocimiento a su gloria, además de las estatuas erigidas en Colombia a Simón Bolívar, las hay en Río de Janeiro, Cádiz, Barcelona, Buenos Aires, ciudad de Panamá, Caracas, Guayaquil, Londres, Bucarest, El Salvador, Ciudad de Méjico, París, Nueva York, Roma y La Habana.

El discurso histórico de José Domingo Choquehuanca al Libertador, el 2 de agosto de 1825 en Pucará (Perú), con su predicción, ha tenido estricto cumplimiento: “Sois pues, el hombre de un designio providencial, nada de lo hecho hasta ahora se asemeja a lo que habéis hecho, y para que alguno pueda imitaros será preciso que haya un mundo por libertar… Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina.”

Acudamos a Neruda, especialmente en la coyuntura de paz o guerra que vive hoy Colombia, para decir con él:

“Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
“más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
“más allá de las negras ciudades incendiadas,
“tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:
“Tu ejército defiende las banderas sagradas:
“La Libertad sacude las campanas sangrientas,
“y un sonido terrible de dolores precede
“la aurora enrojecida por la sangre del hombre.
“Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.
“La paz, el pan, el trigo, de tu sangre nacieron,
“de nuestra joven sangre venida de tu sangre
“saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos” (7)

Y, para concluir, nosotros exclamamos:

El legado de nuestro Libertador está más vivo y vigente que nunca. ¡Bolívar vive!

 

Notas

  1. González Fernando, Mi Simón Bolívar, pag.173, Edición de 1993, Talleres Editoriales de la Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, Colombia, pag. 173
  2. Masur Gerhard, Simón Bolívar, Edición de 1980, Editorial Colombia Nueva Ltda. Bogotá. Colombia , Tomo I, pag. 554
  3. Liévano Aguirre Indalecio, Bolívar, Editorial La Oveja Negra, 1981, pag.430
  4. Pividal Francisco, Bolivar: Pensamiento Precursor del Antimperialismo, Ediciones Alcaraván Ltda. mayo de 1980, Bogotá- Colombia.
  5. Juan Ginés de Sepúlveda, “Tratado sobre las justas guerras contra los indios”, citado por Adolfo Atehortúa en “Marx y el mundo colonial. EL escrito sobre Bolívar”, Ediciones Aurora, Bogotá, 2009, p.44
  6. Ospina Wiliam, “En busca de Bolívar”, Editorial Norma S. A., agosto 2010, pag.9
  7. Neruda Pablo, “Un canto para Bolívar”

 

manuel domingo rojas 350Manuel Domingo Rojas Salgado
Colombia, es abogado, poeta, escritor, historiador y se ha desempeñado como columnista, residente editorial de medios impresos, rector universitario y actualmente preside una Institución Universitaria en su país, Colombia. Ha publicado libros de cuentos y de historia y ha sido Alcalde Mayor de su ciudad Cartagena de Indias en dos oportunidades. Algunas de sus obras han sido incluidas en antologías en su país y en el exterior.

 

"Bolívar, el mestizo universal" enviado a Aurora Boreal® por Manuel Domingo Rojas. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Manuel Domingo Rojas. Todas las carátulas de los libros sobre Bolívar tomadas de internet.

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