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La columna de Consuelo Triviño

Proyección internacional de las culturas hispanas: lengua literaria y globalización*

gomila 225El hispanismo en un mundo global solo puede asumirse a partir del reconocimiento del multiculturalismo. Pero ¿qué entendemos por ‘hispanismo’ en un contexto global? Veamos la definición que en 1970 ofrecía el diccionario de la RAE: «afición al estudio de la lengua y la literatura españolas y de las cosas de España».

Esta definición cambia en la edición de 1984: «afición al estudio de lenguas, literaturas o culturas hispánicas». El plural, en este caso, modifica cuestiones de fondo: asume el enfoque multicultural de los estudios hispánicos. La pregunta es si el concepto abarca las distintas lenguas y culturas de la Península, y si incluye a los países hispanoamericanos. También debemos preguntarnos si se tiene en cuenta a quienes escriben en lengua española aunque pertenecen a un ámbito cultural no hispánico, en países como Marruecos, Filipinas o Guinea Ecuatorial.

¿Deberían formar parte de los estudios hispánicos los escritores marroquíes que desde comienzos del siglo XX ofrecieron su visión de la historia de España, de sus relaciones con Marruecos, y lo hicieron en lengua española? ¿Qué lugar ocupa la producción intelectual de autores como Abdellatif Limami y Abderrahman El Fathi, o los poetas y narradores como Aziz Amhjour y Mohamed Bouissef Rekab? ¿Deberían pertenecer al corpus de la literatura en lengua española los escritores de Guinea Ecuatorial como Esteban Bualo, Andrés Ikuga Ebombebombe y Constantino Ocha'a cuya literatura arraiga en la tradición oral de su país, pero se escribe en español? ¿Dónde situar la primera novela de Guinea Ecuatorial Cuando los combes luchaban (de Leoncio Evita (Udubuandyola, Bata, 1929-), editada en 1953?

Dejo abiertas las preguntas para volver sobre la complejidad de los términos ‘hispanismo’ e ‘hispánico’, que cambian según el contexto en el que se utilizan.
Como sabemos, un sector de la sociedad americana prefiere la denominación de Latinoamérica a Hispanoamérica. La tensión por el uso de uno u otro término se agudizó con la producción de textos oficiales a propósito de la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América en las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX. Los políticos llegaron a un consenso y se optó por el término inclusivo ‘Iberoamérica’, que tenía en cuenta la relación de Portugal con Brasil y la realidad geográfica de un país vecino de ámbito lingüístico portugués, pero de afinidades culturales indiscutibles.
consuelo 320Asimismo, quisiera recordar las polémicas de los años veinte del siglo pasado cuando los pensadores hispanoamericanos influidos por las vanguardias vuelven los ojos sobre el continente americano y, en su revisión de la historia, se centran en el conocimiento de las culturas indígenas sometidas por siglos de hegemonía colonial. Para algunos, como el socialista José Carlos Mariátegui, el nombre de América debería ser Indoamérica. Con ello marcaba la diferencia respecto a la tradición hispánica que ligaba a un pasado colonial opresivo. En Hispanoamérica, los sectores ideológicamente más radicalizados en la actualidad asocian la abusiva intervención de los mercados globales a estrategias neocolonialistas del pasado. En este contexto el término ‘hispanismo’, o ‘hispánico’, adquiere connotaciones negativas.
Veamos qué sucede en el ámbito académico con la noción de hispanismo, que el siglo XIX se consideraba una disciplina académica dedicada al estudio de la cultura española y de su literatura. Dámaso Alonso lo redefine, cuando se dirigió a los hispanistas en un encuentro de la Asociación Internacional de Hispanistas en 1965 (Perspectivas del hispanismo actual):
«El hispanismo es ante todo una posición espiritual, una elección de lo hispánico como objeto de nuestros trabajos y también de nuestro entusiasmo, de nuestra ardiente devoción. En unos, en los que somos hispánicos, es una inclinación bien fácil de comprender; pero en vosotros los no hispánicos, es ya una selección en la que tuvo que haber un cotejo y aun forcejeo de culturas que os querían atraer para sí».
Sin embargo, la construcción de lo hispánico por parte de los extranjeros nunca estuvo a salvo de tópicos y prejuicios. Las observaciones de los viajeros europeos por España, ofrecían una imagen pintoresca del país que se sustentaba en los mitos de la literatura del Siglo de Oro. España fue para los románticos un país de pasiones brutales, como en el drama Carmen de Merimée.
De la misma manera, la imagen de Hispanoamérica que dominó en la escena internacional fue la de literatura que se inscribe dentro de la corriente del realismo mágico que subraya la preponderancia del mito sobre la historia, el primitivismo, el atraso y provincialismo de las culturas americanas. Como escritora colombiana en España, a mi llegada a este país comprobé de qué manera esta corriente abarcaba todo lo que se entendía por hispanoamericano. Hasta hace unas décadas no se tenían en cuenta las variedades regionales del continente. El conocimiento de la diferencia y la pluralidad americanas motivó una mayor profundización de los estudios hispánicos. Es verdad que su apoyo teórico han sido los cultural studies, tan de moda en el ámbito anglosajón. Desde esa perspectiva empezaron proliferar trabajos del tipo: literaturas del caribe, literaturas andinas, literaturas orales, literaturas del Río de la Plata, etc.
Hoy no se podría reducir el concepto de hispanismo a los estudios lingüísticos y literarios de España, ya que su realidad política, multilingüe y multicultural exige nuevos enfoques. Obliga a pensar en países multiculturales y multilingües, a la vez, los que conforman un universo de 500 millones de hablantes, que incluye a los hispanos residentes o nacidos en los Estados Unidos. De este universo no podrían quedar fuera escritores de distintas nacionalidades que han escrito en lengua española.
La lengua española como elemento de cohesión fue previsto sabiamente por Andrés Bello en el momento fundacional de las jóvenes repúblicas independientes a principios del siglo XIX. Negar la eficacia histórica de este potencial no sería sensato, ni siquiera operativo, de modo que lo hispánico adquiere peso como lengua común y punto de encuentros de países y culturas diversas. La intelectualidad de finales del XIX y principios del XX, tanto en España como en Hispanoamérica, así lo entendió. Pensemos en el ensayo Ariel del uruguayo José Enrique Rodó, de quien se cumple el centenario de su muerte en 2017, muy próximo al de Rubén Darío que falleció en 2016. Se trata de dos figuras clave en la consolidación de la lengua española y en la afirmación de lo hispánico como una manera de sentir, de identificarse con otros, pero también de diferenciarse. A quienes se empeñan en separar la literatura española de la literatura hispanoamericana debemos recordarles la necesidad de asumir la universalidad de la literatura y la diversidad de una lengua que, al lado de Cervantes, se ha visto enriquecida por García Márquez y Jorge Luis Borges. Y es que la marginalidad a la que se reducen una literatura escrita en un contexto cultural no hegemónico también es sentida por ciertos escritores en lengua inglesa de países como La India, por ejemplo. La literatura escrita en lengua inglesa fuera del ámbito de las metrópolis se designa como “literatura de la comunidad inglesa”, concepto que el novelista anglo-hindú Salman Rushdie, en Patrias imaginarias, considera paternalista porque, a su juicio, separa y aísla la literatura escrita por personas que no son ingleses blancos, o irlandeses, o ciudadanos de los Estados Unidos de América.
Por tanto, no podemos ignorar la importancia del hispanismo marroquí que destaca desde finales del siglo XIX y principios del XX. Lahsen Mennum es autor de crónica en castellano acerca de la visita de una representación diplomática española en Fez apareció en El Imparcial, 24 de mayo de 1877 y que constituye un punto de partida para quienes en este país escriben en castellano, como, entre otros, Muhammad Bentawit.

En la era de globalización y de multiculturalismo suceden encuentros entre personas de diferentes grupos sociales que cuestionan y re-definen lo que se considera como tradicional y como identitario, motivando que la gente busque la autenticidad. Esta tendencia no debería soslayar la universalidad como valor en el arte y en la literatura, que no es exclusiva solo de la cultura occidental.


* II Encuentro Internacional sobre "Los retos del hispanismo en la era de la globalización"


Pie de foto: Consuelo Triviño Anzola, Antonio M Mansilla y el hispanista marroquí Abdellatif Limami. Al fondo, retrato del rey Felipe VI del pintor Juan Gomila

 

 

conseulo triviño 375Consuelo Triviño es doctora en filología románica por la Universidad Complutense de Madrid. Reside en España, donde ha sido profesora de literatura hispanoamericana. Está vinculada al Instituto Cervantes. Colabora con la crítica de libros del suplemento Lunes de El Imparcial. Ha colaborado con la crítica de libros del suplemento cultural «ABCD las Artes y de las Letras», del diario ABC. Obtuvo el primer premio en el Concurso Nacional de Libro de Cuentos de la Universidad del Tolima con Cuantos cuentos cuento (1977) y fue finalista del Premio Nacional de Novela Eduardo Caballero Calderón (1997). Ha publicado Siete relatos (cuentos), El ojo en la aguja (cuentos), Prohibido salir a la calle (novela) y La casa imposible (cuentos), La semilla de la ira (novela), Una isla en la luna (novela) además de libros de ensayo sobre autores como José María Vargas Vila, Germán Arciniegas, Pompeyo Gener y José Martí, entre otros.

Proyección internacional de las culturas hispanas: lengua literaria y globalización enviado a Aurora Boreal® por Consuelo Triviño Anzola. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Consuelo Triviño Anzola. Foto Consuelo Triviño ©  Consuelo Triviño. Pie de foto: Consuelo Triviño Anzola, Antonio M Mansilla y el hispanista marroquí Abdellatif Limami. Al fondo, retrato del rey Felipe VI del pintor Juan Gomila.

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