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Invitado Especial

Testimonio 32

donald trump 250Versión original en inglés de Philip Garrison
15 de noviembre de 2016
Traducción al castellano de Stella Moreno Monroy

 


El jueves pasado en el Museo del Prado, deberíamos parecer una pareja curiosa. Mi mujer empujaba la pequeña silla de ruedas roja que heredé de mi madre, mientras pasábamos frente a aquellas famosas pinturas enceguecedoras. Una pregunta surgió entonces ¿A qué distancia de las “Meninas” de Velázquez está la sala de Goya donde han colgado el “Fusilamiento del tres de mayo?” Los pasillos y las luces del museo están diseñados para eliminar la distancia que se impone afuera; el espacio que media entre el último semáforo y la taquilla, o entre esta y la cafetería. El espacio medido en yardas o en metros desaparece y es sustituido por una extensión de otro tipo. Y la distancia entre aquellos dos objetos concretos de pintura y lienzo? Es un espacio lleno de emociones en el que conviven la fama y el anonimato; el arte representacional y el gobierno representativo; la dicotomía entre lo público y lo privado; la diferencia entre la Corte Real exquisitamente dispuesta y un pelotón de fusilamiento iluminado por la luz del farol de una cuneta.

Las emociones que suscitan los dos cuadros son muy diferentes. El elaborado lenguaje de pinceladas pictóricas hace que el espectador sienta los más vívidos sentimientos en presencia de los dos lienzos. Por un lado tenemos frente a nosotros un estudio de guerra asimétrica. Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya capta un instante del levantamiento popular madrileño que legó al castellano la palabra “guerrilla”. Las Meninas, por otro lado, es un estudio de la simetría política de la Corona española del siglo XVI. La princesa mira a la pareja real cuya imagen se refleja, por casualidad, en un espejo colocado a la altura del hombro del pintor. Velázquez pinta a la pareja que parece fijar la mirada en alguien y él, creador sin par de la simetría, se mete en el cuadro. ¿Acaso pintó Velázquez el lienzo que tenemos frente a nosotros como una de sus más sagaces simetrías? La asimetría de Goya, por su parte, va en todas direcciones: Soldados uniformados, cadáveres dispersos por la tierra, el farol de una cuneta que ilumina a las víctimas bajo un cielo oscuro. Es la resistencia del pueblo español al ataque del invasor francés. No se resuelve nada, no se menciona a nadie; no hace falta. Se escribe en el lienzo un nombre y una fecha: Los fusilamientos del 3 de mayo.

Y ayer, 10 de noviembre, quizás se conmemore para siempre el momento final de un descalabro. Ayer, Donald J. Trump fue elegido cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. La sensación de quedar al desnudo desamparo, se queda corta ante mi ira hacia los políticos de turno que impusieron a votantes como yo a Hillary Clinton como candidata del partido demócrata. Y la afrenta no podía haber sido mayor cuando se nos pidió firmar su tarjeta de cumpleaños.

Vox populi, vox dei, así la llaman. La voz del pueblo es la voz de Dios que clama al cielo, por supuesto. La autoridad suprema que emana de la consulta al pueblo, es una voz colectiva tejida por las voces individuales que la constituyen. ¿Por qué subir al Monte Sinaí para lanzar las tablas de piedra a los desagradecidos? La doctrina de la vox populi permite un fácil acceso al derecho a la autodeterminación a través del voto depositado en las urnas.
La papeleta para nosotros funciona de la misma forma que la sacerdotisa drogada y apertrechada en su cueva lo hacía para los romanos ¿Y ahora qué? Pues a interpretar comentarios que de antemano se sabía que iban a ser ambiguos.

La vox populi es la del pueblo y ahí está el quid de la cuestión: Voces diversas resultantes de un proceso de variantes definidas. Y zas, queremos creer que hemos ejercido el derecho a la autodeterminación, y asumido nuestra responsabilidad política. Permítanme entonces asumir la mía. El domingo pasado voté por Hillary Clinton. Lo hice con la misma mano con la que meses antes empaqué bolsas de arroz y frijoles, para jóvenes hondureños que, como moscas y con el temor a ser repatriados, trepaban trenes rumbo al Norte. Huían de la ola de violencia desatada en su país cuando Hillary Clinton, en función de Secretaria de Estado del gobierno estadounidense, reconoció el golpe militar hondureño. Voté por ella para impedir que llegara a La Casa Blanca un tipo que desde el primer día de su campaña llamó a mis vecinos violadores y criminales. Pero este tipo ha ganado la elección aunque yo no quiera. Y ganó porque supo capitalizar el voto del otro grupo de mi vecindario. Y entonces, ¿dónde me ubico? Pues precisamente entre estos dos cuadros. Es así como la vox populi opera. Y el mundo, tal y como lo concebimos, depende de lo que decidamos. ¿Qué si tenemos miedo? ¡La pregunta ofende!

Hoy es el décimo primer día del décimo primer mes del año, el Día del Armisticio, como por casi un siglo ha estado presente en el calendario. Faltan unos minutos para que el reloj marque las once de la mañana. En Francia, hace noventa y ocho años, se derrumbaban las trincheras matadero, dejando en el cerebro de mi abuelo un silencio que el whiskey nunca pudo acallar. Con una taza de café en la mano, brindo por mi abuelo.

Donald Trump nunca será mi presidente. Pero los pronombres son solo una estructura del lenguaje. Irremediablemente, es el presidente.

 

philip garrison 250Philip Garrison
Nació en el estado de Missouri, Estados Unidos. Es profesor emérito de la facultad de inglés de Central Washington University (CWU), situada en Ellensburg, Washington. Ejerció como catedrático de esta universidad durante más de treinta años. Es autor de un libro de poemas titulado “Away Awhile”, y cinco libros de ensayos personales: “Augury”, “Waiting for the Earth To Turn Over”, “Because I Don’ Have Wings: Stories of Mexican Immigrant Life”, traducido al español por la doctora Nathalie Kasselis, profesora de español de Central Washington University, y la doctora Stella Moreno, Monroy, profesora de español de la misma universidad. El libro en su versión al español “Porque me faltan alas: Historias de la vida del emigrante mexicano” fue publicado en Morelia, Michoacán, México en 2010; “The Permit that Never Expires” en proceso de traducción al español por Stella Moreno Monroy; “What That Pig Said to Jesus”. Es fundador y director de “Apoyo”, organización sin ánimo de lucro, situada en la ciudad de Ellensburg en el estado de Washington. “Apoyo” suministra alimentos para las familias emigrantes de bajos recursos, y otros servicios comunitarios.

 

Material enviado a Aurora Boreal® por Stella Moreno. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Philip Garrison y Stella Moreno. Fotos de Donald Trump y Philip Garrison tomadas de internet.

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