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La columna de Ricardo Bada

CARTA DE ALEMANIA (22)

Schalcken o Pintar a la luz de las velas

 

Rembrandt falleció en 1669, Vermeer –prematuramente, a los 43 años– en 1675, Ruysdael en 1682, y Van Gogh nació en 1853, muriendo aún más prematuramente que Vermeer, cuando sólo contaba 37 años. La pregunta es: ¿Qué pasó en la pintura neerlandesa entre aquellas tres muertes y este nacimiento? ¿Hubo un eclipse total del sol que alumbró el siglo de oro de los Países Bajos?

La respuesta la dan dos exposiciones en el Museo Wallraf–Richartz de Colonia. La del 2007 rotulada “De la nobleza en la pintura”, con una muestra de la neerlandesa del siglo XVIII, y de la que di cumplida cuenta en una crónica en estas mismas páginas [ver mi Carta de Alemania # 15]. La otra es “Seducción pintada”, que se inauguró el 25 del pasado septiembre y estuvo dedicada a Godfried Schalcken, un maestro que iniciara su trayectoria todavía en vida de Rembrandt (nació en 1643 y fue alumno de dos de sus discípulos, primero de Samuel van Hoogstraten en Dordrecht, luego de Gerrit Dou en Leiden) y alcanzó a vivir, siempre activo, hasta ya entrado el siglo XVIII, falleciendo en 1706.

 

Ricardo Bada   España, 1939. Escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de La generación del 39 (cuentos, 1972), Basura cuidadosamente seleccionada (poesía, 1994), Amos y perros (cuento, 1997), Me queda la palabra (ensayos, 1998) y Los mejores fandangos de la lengua castellana (parodias, 2000). Editor en Alemania, junto con Felipe Boso, de una antología de literatura española contemporánea (Ein Schiff aus Wasser [Un barco de agua]), y en solitario, de la obra periodística de Gabriel García Márquez y los libros de viaje de Camilo José Cela. Editor en España de la obra poética de la costarricense Ana Istarú (La estación de fiebre y otros amaneceres, 1991), y en Bolivia de la única antología integral de Heinrich Böll (Don Enrique, 1995) en castellano.

[Resulta simpático pensar que ambas exposiciones, recuperando un arte neerlandés perdido en las mansardas de la Historia, hayan sido iniciativas del museo coloniense; y digo que lo resulta porque en la Große Witschgasse de Colonia vino al mundo, en 1587, Joost van Vondel, el poeta nacional de los Países Bajos, la pluma de oro del siglo de oro de los holandeses, algo así como el Cervantes neerlandés. Era hijo de una familia menonita que se refugió en Colonia huyendo de la intolerancia religiosa en las Provincias Unidas (sí, en Holanda también hubo entonces intolerancia religiosa, y la están resucitando ahora), y desde que oí hablar de esta nueva exposición en el Wallraf–Richartz alimenté la sospecha de que siquiera sea de una manera inconsciente, Colonia honraba así a uno de sus hijos, una gloria nacional en un país que no es Alemania. Pero es hora de entrar en el museo y de ver los cuadros, así pues cerremos el inciso].

Muchos eran los motivos para visitar la exposición. El primero de todos ellos el propio pintor. Es un caso histórico digno de meditación. Gracias a su refinada técnica pictórica y a su poco menos que genial entendimiento del fenómeno mercantil que implica el arte, es uno de los muy pocos artistas que vivieron –y vivió nada mal– de su trabajo. Supo atraerse una clientela con sólidas cuentas corrientes y atender sus gustos, sin autonegarse. Fue fiel a sí mismo y a su concepción de la luz. Donde Rembrandt había hecho reinar el claroscuro, Schalcken prendió sus velas, que fueron algo así como su ® y su tarjeta de visita. Y si bien es verdad que preferimos con mucho los claroscuros del maestro de la “Ronda nocturna” y “La lección de Anatomía”, no menos verdad es que las velas de Schalcken siguen tremolando en sus óleos.

Pero además el pintor, ya olvidado a poco de su muerte, fue resucitado literariamente en 1839, casi siglo y medio después, en un cuento de terror de un especialista en el género, Sheridan Le Fanu: “Strange event in the life of Schalcken, the painter” [“Extraño suceso en la vida de Schalcken, el pintor”], cuenta la historia de nuestro personaje y su bienamada Rose Velderkaust, sobrina del maestro Gerrit Dou, en cuyo estudio laboraba y aprendía Schalcken. El buen Godfried y la bella Rose se enamoraron, pero apareció un ricachón de Rotterdam, un tal mijnheer Vanderhausen, y poco menos que compró a Rose a peso de oro. Es un relato gótico, casi esperpéntico, llevado al cine en 1979, Schalcken the Painter, cinta inglesa sin más valor que el de cualquiera de tantas otras filmadas en la misma tesitura (con la posible excepción de Northanger Abbey, basada en la novela homónima de Jane Austen).

schalcken 251Un tercer motivo para acudir a la exposición es que en ella se mostraban más de 80 cuadros de museos de todo el mundo (Holanda, Inglaterra, Italia, Lichtenstein, Alemania, Irlanda, Austria, la República Checa, Dinamarca, España, los Estados Unidos) y de numerosas colecciones privadas, es decir, un tercio de la obra total de Schalcken, gran parte de los cuales no habían sido nunca presentados en público.

Un motivo más, y van cuatro, es que 2015 fue el Año de la Luz, según la UNESCO, y la firma Philips –que no por casualidad es neerlandesa– aprovechó la oportunidad para un estreno mundial en Colonia: la iluminación con sus nuevos ledes [del acrónimo inglés LED = diodos emisores de luz] en la muestra de Schalcken. Y en verdad que echaron la casa por la ventana y que uno, recorriendo las salas del piso donde se mostraban los cuadros, se sumergía en una atmósfera especial; un efecto nacido de que prácticamente todos y cada uno de los cuadros estaban iluminados de manera individualizada, dentro de unos parámetros comunes al conjunto. Dicho de otro modo: veíamos los cuadros a la misma luz como los vieron los contemporáneos del pintor. Bastaría ello solo, y ya valió la pena acudir al Wallraf–Richartz.

schalcken 252Pero hay más, y es que viendo los cuadros nos preguntábamos cómo es que el pintor realizaba su obra, y ahí los responsables de la muestra se dejaron guiar por una observación del anticuario y grabador inglés George Vertue, incluida entre sus notas publicadas en 1713: «El método de Schalcken para pintar cuadros iluminados por la luz de las velas era muy especial. Él poseía una pequeña cámara oscura donde ubicaba la vela encendida y a la persona o el objeto que pensaba pintar. Luego, a través de un agujero hecho ex profeso en la pared de la cámara, pintaba a la luz del día lo que veía dentro, a la luz de la vela». En esta muestra, en un corredor de paso de una sala a otra, se instaló un “laboratorio de luz” donde el visitante podía mirar a través de un agujero el motivo de Schalcken iluminado por una vela, mientras a su lado, en un monitor, podía ver el mismo motivo como si hubiera sido pintado a la luz del día o con luz artificial. Todo un efecto... en el que sólo disonaba el hecho de que la vela de la cámara oscura no sea de cera... sino eléctrica, hélas!

[Un nuevo inciso me lleva aquí a hablar del rodaje de Barry Lindon, otra de las muchas obras maestras de Stanley Kubrik; un rodaje al que precedió una ardua investigación de los laboratorios Eastman para lograr una película con la sensibilidad suficiente como para poder filmar con ella, única y exclusivamente, a la luz de las velas. Pienso ahora que SK tiene que haber visto en Inglaterra, donde vivía, mucha pintura de Schalcken y debe haber comprendido que la luz artificial de que disponían las personas de aquellos tiempos para ver las cosas, difiere años–luz (perdóneseme el chiste involuntario) de aquella de la que disponemos nosotros. Y decidió que los espectadores de su peli teníamos que ver lo mismo que los protagonistas, una de las muchas hazañas técnicas que cuentan en su currículo].

schalcken 253En lo que respecta a la obra expuesta, debo reconocer que me siento incapaz de describir las impresiones que suscitaba, el interés que despertabaa, la sorpresa que a veces hacía que los ojos no pudieran apartarse del motivo del cuadro. Y los motivos eran de lo más diverso, pues aunque su principal fuente de ingresos fueron los retratos, no por eso descuidó acechar con su mirada la vida nuestra de cada día, en escenas que a veces cuentan toda una historia: por ejemplo, la del test del embarazo, con el médico sentado a una mesa y observando casi divertido la redoma de orina en la que nada ¿un homúnculo, un feto?, mientras enfrente, también sentado, el marido mira enfurruñado a la esposa, quien llora de pie entre ambos, y a espaldas del médico un chico sonríe malicioso. O el óleo sobre lienzo en el que vemos que a la diosa Ceres –como a cualquier persona sin asiento en el Olimpo– le chorrea de los labios el jugo del durazno que acaba de morder. En un grabado, Schalcken llega incluso a la plasmación de un gesto obsceno (el pulgar asomando entre los dedos índice y medio del puño cerrado), sin que la imagen lo sea. Y no hablo del poder magnético de sus llamas de velas, para no insistir en lo obvio.

Un cuadro que me atrajo de manera especial es “Preciosa reconocida”, donde asistimos a un momento de la representación de una adaptación teatral de La gitanilla, de Cervantes; justo aquel en que, por mor de un lunar en su seno izquierdo, los padres reconocen en la gitanilla Preciosa a la hija que les secuestraron hace años. El estudio de la mímica de los actores es magistral porque pone de relieve al mismo tiempo dos cosas: que se trata de una actuación, pero que podría ser un instante captado en una situación real, no escénica. El pincel de Schalcken le dio vida en este cuadro a la paradoja del comediante, de Diderot.

schalcken 254Otro que me cautivó es uno que no firma él, sino su hermana y alumna María, de quien se conserva poquísima producción ya que abandonó la pintura cuando contrajo matrimonio. Este autorretrato es notable asimismo por dos razones. La primera, que nos permite ver cómo es que pintaba su hermano, de quien conocemos varios autorretratos (algunos de ellos en esta muestra) pero ninguno delante de un caballete. Y la segunda es que gracias a él sabemos el método que usaban para proteger la costosa superficie de los lienzos mientras se secaba, lento, el óleo: sencillamente, colocando una especie de tejadillo sobre el caballete, en este caso otro lienzo paralelo al suelo.

Y como no hay dos sin tres, reseñaré finalmente el impresionante retrato de Guillermo III, estatúder de los Países Bajos y rey de Inglaterra, un cuadro que cuelga normalmente en el Rijksmuseum de Ámsterdam. Este retrato no fue un encargo, ni está documentado que el gobernante posara para él. Schalcken se orientó por el retrato de su colega y tocayo inglés Godfrey Kneller, sólo que le añadió en el cuadrante superior derecho la llama de una vela. En el sutil lenguaje de la pintura cortesana, esa vela cuenta como un atributo del monarca, es un símbolo de su virtud: así como la vela se consume para darnos luz, así es como el gran Guillermo III se sacrifica por su pueblo. De este modo lo interpreta el catálogo de la exposición y quién es uno para impugnarlo. No más sea permitida la pregunta de por cuál de los dos pueblos que gobernaba se sacrificó este noble Orange.

schalcken 257En resumidas cuentas, “Seducción pintada” fue una fiesta para los ojos y para las neuronas. Porque esta no fue tan sólo una muestra para ver, sino también para reflexionar, para mirar el ayer con los ojos del hoy, pero, todavía más importante, para mirar el hoy con los ojos del ayer: ¿qué tanto hemos avanzado desde los óleos de Schalcken a la película Eastman con que se rodó Barry Lindon? Sin duda mucho, mucho, la pregunta es –y ello no atañe a la calidad del film de Stanley Kubrik– si fue para mejorar.

Por lo demás, a quienes les haya interesado, leyendo mi artículo, la obra de un neerlandés que no cuenta en el canon de la pintura neerlandesa & flamenca (los dos Brueghel, Frans Hals, Rembrandt, Vermeer, Ruysdael, Rubens), les aconsejo que abran este enlace… https://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Godfried_Schalcken?uselang=de
... y en él podrán admirar sesenta cuadros de su firma. Y luego me platican qué les pareció.

NOTA BENE: Esta exposición estuvo abierta hasta el 24 de enero y no puedo sino decir que si es verdad que París bien vale una misa, Colonia merece también una visita, y a los amigos que andaban por Europa hasta esa fecha les recomendé mucho que no se las perdieran, ni Colonia ni la exposición. Sobre todo teniendo en cuenta que con el ticket podía visitarse todo el museo y que en él se exponen obras tan imborrables de la memoria como el manojo de espárragos de Manet, la pareja de Renoir, la colada de Liebermann, uno de los puentes levadizos de Van Gogh, la “Melancolía” de Munch con sus cuatro muchachas sin rostro, un alucinante autorretrato de Rembrandt, y last but not least, las tremebundas, amedrentadoras alegorías de los altares medievales, en especial los quince cuadros del retablo con el ciclo de Santa Úrsula y las once mil vírgenes. ¡Por Dios!, como diría Álvaro Mutis.

 

Carta de Alemania (22). Schalcken o Pintar a la luz de las velas enviada a Aurora Boreal® por Ricardo Bada. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Ricardo Bada. Foto Ricardo Bada © Ricardo Bada. Obras de Schalcken tomadas de internet: https://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Godfried_Schalcken?uselang=de

 

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