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'Pensar como performance' - Entrevista con Diana Taylor

diana taylor 250Diana Taylor es un referente mundial en Estudio de Performance. Profesora del Departamento de Estudios de Performance y del Departamento de Español y Portugués, Universidad de Nueva York. Directora y fundadora del Instituto Hemisférico de Performance y Política. Recientemente fue presidenta del Modern Language Association. Tiene varios libros acerca de performance publicados en español y otros idiomas.

 

 

 

Vivian Jiménez entrevista a Diana Taylor

 

Desde hace unas décadas el concepto de la Performance ha venido cambiando, dejó de limitarse al ámbito artístico. ¿Cómo podríamos entenderlo hoy?

Ahora nadie considera el estudio de la Performance exclusivamente como arte de performance, sino de una manera mucho más amplia. Sobre todo a raíz de los estudios de Richard Schechner y el antropólogo Víctor Turner. Con anterioridad, ellos habían comenzado a ver la vida social como performance.

Una de las alternativas más útiles para pensar en la performance podría ser, como lo definió Schechner, considerarla un comportamiento que se repite dos veces. Esto significa que la performance nunca ocurre una sola vez. La primera vez, digamos, yo podría moverme de cierta manera. Pero la segunda, si soy consciente de eso y lo hago a propósito, se crea un marco intencional. Si dejo caer mi bolígrafo una vez de determinada manera, podría ser accidental o no; pero si lo dejo caer una segunda vez, de igual manera, cualquier observador pensaría que se trata de una actuación. Ese es el marco de referencia de la performance, lo que la hace un acto consciente.

Sin embargo, la performance es mucho más amplia. Nos encontramos con la performance en la vida cotidiana, a pesar de que no necesariamente sea un acto consciente. Existe la performance del género y la sexualidad, la cual se aprende, pero no es algo de lo que somos conscientes todos los días. El concepto es muy abarcador, complicado y muy productivo.

 

¿Cómo fue tu acercamiento a la idea de la performance desde esta nueva visión?, ¿hubo algún acontecimiento que te llevó a romper con la forma tradicional de su estudio?

Comencé a pensar en la performance desde muy joven, aunque no tenía un vocabulario adecuado para hacerlo. Luego trabajé en el teatro, donde era muy claro que se trataba de una actuación estructurada. Pero cuando me di cuenta de que necesitaba pasar a los estudios de performance justo cuando terminé mi libro El teatro de la crisis. Drama y Política en América Latina.

Llevaba tiempo escribiendo sobre la crisis política en América Latina. Mientras desarrollaba el capítulo sobre Argentina pude ver lo que realmente sucedía en ese país: el aumento del autoritarismo de los movimientos de derecha, de los movimientos militares que en ese entonces representaban la dictadura. A esto se unió mi estudio sobre el trabajo de Griselda Gambaro, que me ayudó a entender mejor la situación. Decidí ir a Argentina (alrededor de 1990), y comencé a ver cómo las Madres de la Plaza de Mayo usaban el espacio público. Enmarcaban sus marchas como una performance, las realizaban conscientemente. Con el uso de los pañuelos, de las fotografías, de las consignas y las demandas, intentaban conscientemente captar la atención nacional e internacional para denunciar la violación de los derechos humanos en su país por parte del gobierno.

Ahí me di cuenta de que tenía que indagar más allá de los confines del teatro, y empezar a pensar en la performance de una manera mucho más amplia, que es a lo que he dedicado el resto de mi carrera.

 

¿Cómo asumen las instituciones y el mundo académico, el estudio basado en la performance? ¿Cuáles son los obstáculos que impiden integrarlo en los programas de estudio?

Los estudios de la performance se han integrado a las universidades de maneras muy diferentes. El departamento de Estudios de la Performance en la Universidad de Nueva York, donde enseño, es el primer departamento que se dedicó a este estudio. Comenzó en 1980, y le han seguido muchos otros. Sin embargo, esos que han venido después, no son departamentos independientes. El nuestro sí lo es. Si se mira a Stanford, a UCLA, a Berkeley o al departamento de Brown, son departamentos maravillosos; pero todos están vinculados al teatro y la danza. Lo cual es importante, pero también lo es reconocer que la performance no se debe limitar a las artes. La performance tiene aplicaciones mucho más amplias. Existen otros departamentos como el de Northwestern, donde tienen una noción más antropológica de la performance, no vinculada a las artes.

Actualmente hay estudios de performance en casi todos los departamentos. Es una situación curiosa. Aunque no surgen nuevos departamentos independientes que se dediquen exclusivamente a su estudio, sí surgen nuevos estudios de la performance en departamentos existentes de otras materias. Por ejemplo, lo encontramos en los departamentos de Español y Portugués; en diferentes áreas como la Religión, Historia, Antropología. Todas estas disciplinas están influidas por la aparición de los estudios de la performance. Esa es una forma interesante de pensar sobre cómo se está moviendo en toda la academia de los Estados Unidos.

Lo que he visto en América Latina, al menos desde que comenzamos el Instituto Hemisférico y trabajando con tantos departamentos diferentes, es que las personas están impartiendo sus propios cursos sobre la performance, dentro de las estructuras del teatro o de las comunicaciones. No cuentan con departamentos independientes para ello, lo que no significa que se está trabajando mucho.

 

A principios del siglo XX surge la performance art, donde por primera vez la obra de arte se centra en el sujeto y no en el objeto; da un giro hacia la acción en vivo. En el presente, ¿cómo es la relación de la performance con el cuerpo y con lo discursivo?

Lo que ha cambiado en la performance en el siglo XXI es la introducción de lo digital. De modo que, de repente, comenzamos a ver que el cuerpo, que se había convertido en algo tan central y frontal en el arte de la performance en los años 60, donde era el instrumento, el escenario, el productor, el ‘sitio’ del significado; ahora está mucho más relacionado con lo digital.

La era digital muestra un nuevo desplazamiento del cuerpo físico. Tenemos una gran cantidad de cuerpos en Internet, una gran cantidad de performances de cuerpos en Internet, performances digitales. Estas nuevas circunstancias nos obligan a replantearnos qué queremos decir con ‘presencia’. Si el cuerpo no está presente de la misma manera que lo estaba en los años 60, ¿cuál es la ‘presencia’ que tenemos en Internet? Porque obviamente estamos presentes por Internet. Podemos hablar con alguien que está en el otro lado del mundo. Estamos presentes, pero no en carne y hueso como se había considerado hasta entonces.

¿Qué significa eso? ¿Cómo cambian nuestras nociones sobre la encarnación, sobre el tiempo y la temporalidad, conceptos que han sido tan centrales para la performance? Todo lo que hemos visto como los bloques fundamentales de la performance, en la era digital se han transformado. Esto no es bueno ni malo, simplemente es algo que tenemos que considerar en la medida que vamos avanzando en estos campos.

 

En los países de América ¿cuáles son los principales fenómenos que necesitan ser abordados desde el enfoque de la performance?

Diana Taylor 375En América Latina una de las cosas que he encontrado realmente importante sobre la performance, y uno de los principales objetivos del Instituto Hemisférico cuando comenzamos a pensar en ello, fue el significado del cuerpo. Nuestro primer encuentro desde el Instituto Hemisférico fue en Rio de Janeiro en el año 2000. Por primera vez habíamos convencido a artistas, activistas y académicos para trabajar juntos en torno al concepto de la performance. Fue muy interesante porque son grupos que normalmente no se hablan entre ellos. Estrictamente no se comunicaban entre sí, y aún hoy, veinte años después, cuesta trabajo lograr que las personas hablen a través de estos diversos entrenamientos disciplinarios.

Una de las primeras discusiones se refería a la presencia de los académicos en los eventos. Comprendían la necesidad de que los artistas estuviesen, porque ubican el cuerpo en el centro de la performance; también que los activistas estuviesen, porque usan el cuerpo para intervenir en conflictos sociales, en las demostraciones, las protestas. Pero se preguntaban qué hacíamos los académicos ahí. Nuestra respuesta fue con un cuestionamiento. Les planteamos que ellos usan el cuerpo como forma de intervención, como escenario, como plataforma, como vehículo para la performance. Pero, ¿quién comenzó a cuestionarse la noción de los cuerpos?, ¿quién comenzó a pensar en la raza y en el género? ¿Quién comenzó a pensar en cómo promulgar ciertos mandatos sociales, ciertas normas?

Estas preguntas les hicieron reflexionar y darse cuenta que tenemos que combinar nuestros pensamientos sobre el cuerpo. El cuerpo no es una cosa per se. Cuando alguien se refiere al cuerpo, de qué está hablando: ¿del cuerpo racial?, ¿del cuerpo con respecto al género?, ¿del cuerpo envejecido?, ¿de alguna capacidad específica? Los cuerpos son complicados, altamente construidos, con normativas y antinormativas que deben ser consideradas. Y deben ser consideradas desde todas las diferentes áreas: la artística, la activista y la académica.

 

¿Por qué es importante reconocer como performance a un evento socio-político como las elecciones o a una celebración como el Día de Muertos en México?

Pensar en eventos sociales (las elecciones o la celebración del Día de Muertos en México), como performance tiene grandes ventajas pues se le adjudicaría un marco de referencia particular. Por ejemplo, si se va al teatro o a un encuentro deportivo existe un marco de referencia que está incorporado al evento: la duración, el momento en que comienza, sus reglas. Es un acto donde hay convenciones. Se sabe lo que se puede esperar. Así se comporta el espectador, el deportista o el actor. Son normas incorporadas al evento.

Sin embargo, si se piensa en unas elecciones o en el Día de Muertos, no hay un marco de tiempo inherente. Las elecciones pueden durar meses, pueden tener repercusiones mucho después de la fecha de la elección en sí. Tomemos como ejemplo las elecciones presidenciales en EE. UU, y consideremos los marcos referenciales. Se decide hacer la observación a partir de octubre del 2016 hasta, tal vez, la acusación de un presidente. Se define un marco de trabajo: de ocho años, de tres meses, depende de la investigación. Se estudia la forma en que las personas se comportan: los actores sociales, los políticos, los espectadores; incluso, la manera en cómo el público se convierte en espectador. ¿Qué es lo que se observa? ¿Qué no está permitido ver? ¿Quién controla dónde se enfoca el trabajo? Lo importante es que el marco quede claro, ello ayudará a saber hacia dónde dirigirse, y qué tipo de análisis se puede hacer.

Así es como se estudia la performance. Mirar de esa manera permite una perspectiva diferente. Uno de los aspectos en el que se enfocan los eruditos de los estudios de la performance es en el evento, al que se aparta entre paréntesis y se trata como una performance.

 

En una entrevista te referiste al estudio de la performance como una nueva forma de entender. Ante la crecida del movimiento migratorio en el mundo y las consecuencias que ha generado, ¿cómo puede ayudar el estudio de la performance en la comprensión de las distintas culturas o religiones aparentemente incompatibles?

Es importante recordar que las personas tienen historias, narraciones que cuentan sobre sí mismos. Cuando culturas diferentes entran en contacto, cada una trae su propia narrativa, su propio sentido, sus conceptos de quiénes son, de cuándo sienten o entran en conflicto.

Dentro de los primeros estudios de la performance está el concepto de drama social de Víctor Turner. Consideró que las sociedades tenían sus propios dramas, sus propias estructuras. Las clasificó en cuatro fases de acción pública: a) Brecha en las relaciones sociales; b) Montar la crisis que tiende a ensanchar la brecha; c) La acción reparadora; y d) La reorganización del grupo, la resolución. Desde esta perspectiva se puede analizar la migración, aunque hay muchas formas de hacerlo. No me gustaría pensar que hay una sola manera.

Existen diferentes perspectivas desde la que se puede analizar cómo las personas hacen una performance de sus nacionalidades, de su estado como inmigrante sin estatus; o cómo se comportan aquellos que imponen, y aquellos que piensan que sí pertenecen a determinado lugar. Es muy importante tener en cuenta cómo se mueven las personas y cómo se comportan en estas situaciones.

 

El intercambio cada vez más frecuente entre personas de distintas culturas, modelos políticos y económicos, instituciones religiosas, han puesto en el debate el tema de la identidad. ¿Quién soy, qué es ser latinoamericano o ser europeo, qué es ser mujer o ser hombre, qué es ser de derechas o de izquierdas...?¿De qué manera contribuye el enfoque de la performance en el replanteamiento del concepto identidad?

Lo que mencionas son todos estados provisionales. Nadie es una sola cosa, todos somos muchas cosas. Somos todo esto y aquello, y en el momento en que nos identificamos con alguna postura, lo hacemos por estrategia. Por ejemplo, si digo soy feminista, inmediatamente me definiría el concepto de feminista, y a la vez establezco una alianza con otras feministas. No es una posición con la que nací, por lo tanto podría cambiar. Es una postura estratégica que funciona para cierto tipo de movimiento de liberación, en este caso.

Cuantas más cosas seamos, más flexibles seremos en la forma en que nos relacionamos con otras personas, en la empatía y en la creación de alianzas productivas. Cuanto menos somos -es uno de los problemas de los nacionalismos y autoritarismos actuales- más se obstaculizan nuestras posibilidades. Muchas veces se reduce la persona a una sola cosa: tú eres un negro o eres un judío, o mujer, o cualquier cosa a la que se quiera limitar a la persona. Se le condena a ser solo eso. Y cada vez que se piensa así, se despoja a las personas del amplio bagaje de características y capacidades para ser increíblemente competente.

 

En algunos países de habla hispana se debate, desde distintos frentes, sobre la necesidad o no de hacer cambios en la lengua castellana como una de las vías para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Crees que haciendo cambios en la Lengua se puede lograr transformaciones en fenómenos extralingüísticos?

El uso del lenguaje es realmente interesante e importante. El lenguaje tiene que cambiar, de hecho ha cambiado a lo largo de las décadas. Las personas no siempre han hablado como ahora. El lenguaje refleja profundamente lo que pensamos sobre quiénes somos, nuestras potencialidades, y nuestras formas de conocer y de entender el mundo.

En la lengua inglesa se tiene un verbo para referirse al conocimiento to know. Sin embargo, en el español se cuenta con dos, saber y conocer, lo que refleja un entendimiento mucho más profundo de lo que es el conocimiento, la transmisión de la producción del conocimiento. Otro verbo en inglés, to be, se refiere a una sola forma de ser: soy un hombre. Por su parte, en español contamos con ser y estar, formas muy diferentes de pensar acerca de la existencia en el mundo. Por lo tanto las palabras encierran algo mucho más complicado.

Todos nuestros idiomas tienen estas formas diferentes de pensar acerca de la subjetividad, el conocimiento, la identidad de género. Es muy importante tenerlo en cuenta, sobre todo ahora que estamos tratando de mostrar el poder intrínseco del lenguaje para definirnos (como hombre, mujer, niña, niño, flora, fauna, etc). Tenemos que pensar en alternativas, en ampliar nuestro conocimiento, para poder reflejar cómo cambia nuestra comprensión de categorías tan esenciales. Cada una de ellas por separado refleja solamente un tipo muy específico de conocimiento acerca de la personalidad, de un animal o un árbol.

 

Ante la rapidez de los cambios tecnológicos, Internet y redes sociales, ¿cómo se ha ido incorporando en el estudio de la performance? ¿Se ha logrado extender más allá de las fronteras del continente americano?

El uso de las tecnologías es absolutamente fundamental en los estudios de la performance. Es una forma completamente diferente de crear comunidad, para bien o para mal, como ya hemos visto. A la hora de crear comunidades, por ejemplo, para protestar. Se tienen cuerpos en la calle, personas que hacen demostraciones y bloquean las entradas a los edificios; pero también existe el bloqueo de sitios de Internet, la interrupción del flujo de información por esta vía, entre otras. Ricardo Domínguez desde su Critical Art Ensemble y el Electronic Disturbance Theatre, en los años noventa, desarrolló una magnífica y exitosa tecnología para realizar ‘sentadas virtuales’ en solidaridad con las comunidades zapatistas de Chiapas, México. Con su trabajo se llegó a entender la necesidad de tomar en cuenta no sólo el cuerpo, sino también el ámbito digital.

Durante el año 2011, cuando ocurrieron protestas por todo el mundo (movimientos estudiantiles, Primavera Árabe), hubo muchas personas que pusieron sus cuerpos en la calle, que lo usaron para mostrar el tamaño y el peso de la oposición política. Pero también miles, a través de Internet, se conocieron durante esos movimientos, compartieron información y se organizaron. Una de las primeras medidas que tomó Hosni Mubarak en Egipto, al comienzo de la Primavera Árabe, fue bloquear el acceso a Internet. No obstante, todos esos ‘cuerpos’ que fueron a la Plaza Tahrir, sabían cómo llegar allí y qué estaba pasando, gracias a Internet. Incluso, una vez en la Plaza, usaban Bluetooth para comunicarse entre ellos y organizarse en cada actuación.

Tanto el cuerpo como la plataforma digital son fundamentales, deben trabajar juntos. Eso no quita la necesidad de ser muy cuidadoso. Como se ha visto en los Estados Unidos y otras partes del mundo, las redes sociales se han usado en un sentido negativo y dañino: secuestros, envíos de documentos o información que no se sabe de dónde provienen, para crear desinformación sin saber quién es el responsable. Es algo ante lo que hay que estar muy atentos.

Actualmente es imposible pensar en los cuerpos en protesta sin considerar al mismo tiempo las redes sociales e Internet.

 

El Instituto Hemisférico de Performance y Política del que eres directora y fundadora, tiene como propósito establecer conexiones entre artistas y activistas de las Américas para crear nuevas vías de comunicación y diferentes maneras de actuar. ¿Cuál ha sido el proyecto más ambicioso que se han planteado, y qué proyectos tienen en estos momentos?

En el Instituto Hemisférico hemos llevado a cabo muchos proyectos a lo largo de los años. Este 2018 cumplimos veinte años. Cuando la conversación comenzó veinte años atrás, los temas esenciales eran ¿qué significa ser performance o hacer performance?, ¿qué pasa con el cuerpo?, ¿por qué es necesario que los artistas, activistas y académicos trabajen juntos? Así empezamos.

Ahora estamos en un nivel mucho más sofisticado: cómo utilizamos la performance para entender los diferentes fenómenos que suceden en nuestra vida diaria. Lo podemos ver en el ejemplo de las elecciones, en la forma en que las personas organizan el espacio, la forma en que se reúnen como comunidad dentro y fuera de Internet. Dichos fenómenos no caben en las clasificaciones de las disciplinas del siglo XIX, en las que muchos de nosotros fuimos entrenados.

Ahora entendemos la performance como un lente de análisis fundamental, epistémico; una manera de conocer. Desde esta perspectiva estamos entendiendo mejor la política del género, de la sexualidad, del racismo, de la discriminación, etc. En estos momentos la performance es una metodología muy importante.

Desde el Instituto Hemisférico estamos enfocando dos iniciativas diferentes aunque relacionadas. Una vinculada con uno de los problemas insolubles y más importantes en los países de América: la migración. Estamos ante una crisis política y humanitaria de los centroamericanos que cruzan por México. Muchos de ellos son asesinados o desaparecen al tratar de ingresar a los Estados Unidos. A esto se suma la violencia contra aquellos que lo logran.
Hemos abordado un tema aparentemente intratable en este momento en Estados Unidos. Logramos desviar la atención sobre un fenómeno central y de altísima responsabilidad.

Hacemos lo que mejor sabemos: el enfoque académico y artístico. Hemos viajado a través de América Central por cinco años: Honduras, El Salvador, Guatemala, el sur de México. Hemos tenido encuentros con estudiantes de todo Estados Unidos. Contamos con entrevistas, videos, con cientos de horas de materiales sobre la crisis, desde todo tipo de perspectivas: la de los inmigrantes, la de las familias de los desaparecidos, la de los sacerdotes que dirigen los refugios, la de los trabajadores para los derechos humanos, la de los funcionarios del gobierno, la de personas que administran las cárceles, los centros de deportación, etc. Estamos creando un banco de materiales para que todos los usen. Se conservarán y formarán parte de la Biblioteca de Video Digital del Instituto Hemisférico. Además, impartimos conferencias y enseñamos. Es una parte de nuestro trabajo que siempre ha sido muy importante.

La segunda iniciativa es mucho más lúdica, más provocativa. Usamos la performance para intervenir en las discusiones y conseguir que las personas se miren a sí mismas, se sientan como parte del proceso, como parte del problema. Una de las intervenciones que hicimos se llama ‘Somos el Muro’ -por supuesto que juega con la idea del muro que Donald Trump quiere construir entre México y los EEUU. En nuestro trabajo intentamos que se den cuenta de que todos podemos llegar a ser un muro. Lo somos en el momento en que le pagamos menos a un inmigrante, en el que le negamos un trabajo, cuando los convertimos en policías, cuando les damos la espalda. De esa manera le estamos haciendo el trabajo de levantar la pared a los Estados Unidos.

Otra intervención que hemos hecho es una obra de teatro sobre el Teletón (en México es un sistema televisivo que recauda dinero para los niños pobres). Nosotros le llamamos El Migratón. El punto que nos interesaba era la violencia de la migración y la cantidad de personas que gana enormes sumas de dinero a partir de la crisis migratoria. Existen personas que cobran para enviar dinero o para recibir dinero, que cobran a los deportados. Incluso, hay compañías de autobuses, líneas aéreas y otros medios, que ganan mucho dinero con la deportación. Ante un problema de tales dimensiones, simplemente pensamos que teníamos que intervenir de todas las maneras que conocemos. Así que hicimos algo grande.

Junto a estas dos intervenciones tenemos, como siempre, otros proyectos en marcha pero éstas han sido las más importantes, las mejores iniciativas del Instituto Hemisférico durante los últimos cinco años.

 

En qué sentido se podría decir que abordar los distintos problemas del ser humano de otra manera, te ha enriquecido como persona, como individuo social y como profesional.

Estoy escribiendo un nuevo libro llamado Presente. Es un concepto muy abarcador. ‘Estar presente’ para los países de América Latina se refiere a la participación en un mitin, en algún tipo de protesta. Uno dice que está presente, y es una especie de grito de guerra en una posición de activista. Es poner el cuerpo, es decir ‘estoy aquí’. Pero ‘presente’ también significa acompañar, atestiguar; por ejemplo, si veo una foto de los 43 desaparecidos en Ayotzinapa, México, si escuché los nombres de esos desaparecidos, o cualquier detalle relacionado. ‘Estar presente’ es además una forma de acompañar.

Pero también ‘estar presente’ es estarlo en tu propia vida; ser consciente de cómo estás o no en las luchas de nuestro tiempo. Para mí ha sido una reflexión muy personal que ha venido a través de mi estudio de la performance, y de mi trabajo con todos los artistas, activistas y académicos que me acompañaron, que han estado presentes conmigo y por mí, durante todos estos años. Ha sido el efecto más personal y más profundo de la interpretación de la performance como parte de mí misma. Estar presente es mi propia forma de subjetividad.

 

vivian Jimenez 350Vivian Jiménez
Cuba, 1968. De nacionalidad cubana y española. Licenciada en Psicología, Universidad de La Habana (1991). Ha publicado dos novelas: La columna que dibujaste dentro de mí (2003), Premio Letra Erecta, traducida al alemán, y Las ciudades de tu cuerpo (2007). Ha colaborado en varios medios digitales e impresos en Venezuela, Perú, Ecuador y México. Ha residido por largos períodos en Venezuela, Perú, México, Egipto y Turquía. Actualmente reside en Madrid.

Entrevista enviada a Aurora Boreal® por Vivian Jiménez. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Vivian Jiménez. Fotografía Vivian Jiménez  © Toño Labra. Fotografía Diana Taylor © Archivo de la autora.

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